martes, 4 de septiembre de 2012

UNA HISTORIA DIFERENTE

en el Día del Inmigrante

Ante la falta de trabajo y la garra del hambre imperante en la Europa de 1913, muchas fueron las familias, cuyos hombres se aventuraron a probar suerte en América. Y eso fue justamente lo que había sucedido con su padre, partió un día rumbo a Centroamérica y después de una escasa y esporádica correspondencia, no se supo nada más de él. En vano fueron los esfuerzos y averiguaciones llevados a cabo por la familia, era como si el Caribe se lo hubiera tragado. 
En consecuencia, cuando toda su familia materna decidió emigrar hacia Buenos Aires desde Barcelona, su madre, juntó las escasas pertenencias y con él, de tan solo dos años, se embarcó hacia el Río de la Plata. Dura fue la travesía y los fuertes vientos hacían de la embarcación, un juguete de titanes. 
Llegaron a la “Reina del Plata” y fueron a vivir a una habitación de una de esas casas grandes, que a raíz de su deterioro se convirtieron en los llamados” conventillos. Todos los inquilinos compartían el baño y se turnaban para cocinar. 
Su madre, una zaragozana limpia y esforzada, no tardó en conseguir trabajo como planchadora, y así fue creciendo Pepito, con su cuerpecito casi famélico y sus ojazos color miel. Iba al colegio, sin faltar un día, a pesar de no haber podido cenar, más de una vez y que cuando arreciaba el invierno, debajo del guardapolvito, sólo asomaba una gastada camiseta. 
Pasaron los años y pese a las burlas de sus vecinos y familiares, tratando de disuadirlo, de tratar de convencerlo de que él sólo podría acceder a las labores de sus ancestros, Pepito a la par de trabajar como mandadero, terminó el secundario en el “ Carlos Pellegrini”, aunque no eran justamente los números ni el comercio, los temas que lo fascinaban. 
Y así siguió su lucha, con denodado esfuerzo. Su accionar era digno de un hijo de Esparta: pudo emplearse como perito mercantil, y allí sí, se encaminó a lo que realmente le gustaba, siguió una carrera universitaria en la UBA, dentro de las ciencias médicas, y en sus escasos momentos libres, practicaba gimnasia y deportes disciplinas estas que lo hicieron poseedor, pese a su baja estatura, de un cuerpo erguido y armonioso. Pepe, tal como lo nombraba su familia, era un joven apuesto y chistoso, de hermosos ojos ambarinos, en cuyo interior se escondía… una profunda sombra de dolor. 
Durante todo ese lapso de tiempo, la vida lo golpeó duramente con situaciones no buscadas que lo marcaron a fuego y no llegaron jamás a cicatrizarse. 
Estaba aún en la facultad, cuando decidió hacerse ciudadano argentino, no por renegar de sus raíces, ni en aras de obtener beneficio alguno, sino como una prueba de agradecimiento hacia la tierra que le había brindado tantas oportunidades y lo había cobijado bajo su bandera. 
Fue justamente en eso días de estudiante que conoció a la mujer de su vida con la cual se casó, después de estar ambos recibidos de kinesiólogos. A los dos les iba muy bien en su profesión, tenían trabajos seguros y bien remunerados, aparte de los pacientes particulares. Pero siempre, en el consultorio ubicado en la casona donde habitaban, se sucedía una permanente peregrinación de vecinos traumatizados o doloridos, a los cuales, nunca se les cobró. 
Unos años después tuvieron una niña, a quien Pepe amó y cuidó, tal vez… en demasía. Quizá por eso era, su enfermizo desvelo por protegerla. Pero pese a ser hija única, la educó esparnadamente, pues la pequeña debía ser dura, por si la vida la golpeaba como lo había hecho con él, pero también humilde, para saber hablar con amabilidad, fuera quien fuera su interlocutor y a tener respeto y cariño por el poseedor de capacidades diferentes. 
¡ No era fácil tenerlo de papá, con su carácter férreo y su escasa comprensión para el error! 
Pasó el tiempo y con su esposa, llegaron a cumplir muchos años de casados. Sus enojos y mal carácter eran inaguantables para su hija, que no comprendía cómo su padre, en vez de valorar las cosas buenas, que habían sido muchísimas después de casarse, retorcía su pensamiento recreando todo aquello que lo había azotado durante su niñez y juventud. 
Con los años, tuvo severos problemas de salud, de los que salió airoso. Pero un día, ya mayores, comenzó a apagarse la llama en la vida de su esposa. Y esa mujer poco común, independiente y activa, con la cual tenía unos cortocircuitos de novela, dejó de ser ella, debido a un ACV, y su fuego, indefectiblemente se extinguió un mes y medio después. Fue tremendamente doloroso escucharlo despedirse con un:- Adiós amor de mi vida_ 
A los nueve días de haber ocurrido esto, su hija que para alegrarlo un poco, junto al desayuno le llevaba la invitación a la presentación de su primer libro, lo encontró tirado en el piso del baño, ya sin pulso. Indiscutiblemente, el “ Amor de su vida” lo había venido a buscar. ¡ Y pese al tremendo dolor que le causaba, ella sabía que para él… era lo mejor que podía sucederle! 
Esta es la historia, tal vez diferente, de un inmigrante que, trabajó denodadamente haciendo Patria, para devolverle a esta noble Tierra lo que en él había invertido. De ese catalán que se emocionaba al escuchar nuestro Himno Nacional, que sentía propio. Que respetó y honró a la “Celeste y Blanca” con su esfuerzo fecundo. De aquel que vivió con el mayor sentido del honor y de la ética, y… que por sobre todo, siempre fue fiel a su palabra y a sus principios. 
Ahora… después de casi, diez años de su ausencia, quien disentía con él por su pesimismo y sus enojos, ….Esa, a quien la vida fustigó sin piedad… Comprendiendo que no hubiera podido tenerse en pie ante los vendavales, si él no le hubiera dado ese temple de toledano acero… y que no hubiera cosechado tanto amor de no ser por la alteridad que le enseñó a practicar, orgullosa de sus genes… le dice, para que “el Pepe”, como cariñosamente lo llamaba, lo escuche en el más allá: 
_ Por la dignidad y los valores que me legaste… 
¡¡¡Gracias Papá!!!_ 

Ana María Sanchis 

SEGUNDO PREMIO- CUENTO- Mayores- 
CLUB DE LEONES BUENOS AIRES LINIERS- 
JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL BARRIO DE LINIERS- 
“Historias de Inmigrantes” 
Junio de 2011

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