domingo, 29 de enero de 2012

EL ULTIMO ELEGIDO

CAIROLI, ADRIAN
GRIJALBO

Bruno es un nieto recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo. Al conocer su nueva identidad se convierte en destinatario de un secreto milenario que le dejó en herencia su abuelo Gino, destacado arqueólogo italiano muerto hace décadas. Su vida se ve de inmediato envuelta en un torbellino de violencia: un poderoso organismo internacional lo persigue con la intención de obtener la pieza faltante de una reliquia para la cual él, sin saberlo, ha sido elegido como custodio. Decidido a enfrentar la verdad sobre su destino, Bruno parte en un viaje por el mundo buscando a los personajes que deberán introducirlo en el misterio del Koda, una fuente de poder mitológica codiciada durante siglos y por la cual se han sacrificado civilizaciones enteras. Mientras sortea toda clase de peligros que amenazan su vida y la de sus seres queridos, su desafío será desarmar la compleja trama que lo une a sus antepasados y descubrir, a la vez, el rol protagónico que le ha tocado jugar en la Historia. 

Biografía del Autor
Adrián Cairoli nació en Tartagal, Salta, en 1968, pero desde los tres años vive en Ramos Mejía, al oeste del Gran Buenos Aires. Es analista de sistemas y trabaja en una reconocida agencia de publicidad internacional. Es fanático de la historia y la divulgación científica. Está casado y tiene dos hijos. El último elegido es su primera novela.

información de prensa

jueves, 26 de enero de 2012

O BICO DA SAUDADE

(EL BESO DE NOSTALGIA)

Uxía caminaba sesenta y dos pasos todas tardes desde su casa de piedra hasta la plazoleta, cruzaba delante de la tienda de ultramarinos y por la misma acera desde allí tres rúas hasta llegar a los soportales del Ayuntamiento. Iba a esperar que colgaran en la puerta a las doce en punto, la cartilla de las bajas. El corazón le latía trémulo como una pomba, más tristeiro aún que las cruxas pensativas, cuando el ansia la llevaba por la corredoira y sus zocas apenas pisaban las silveiras, por donde prefería acortar camino.
Uxía entendía poco de letras, pero como le interesaban solamente dos, en los ojos llevaba la forma exacta de esas letras y tras esa forma, su mirada se multiplicaba desperdigada por las hojas entintadas. 
- Nada, grazas a Deus, nada – decía Uxía al no hallarlas, el corazón cheo otra vez del canto arremansado de alalás y la temblorosa pomba y las cruxas, vueltas a sus nidos. Y se marchaba por el mismo camino, desandando los sesenta y dos pasos que la habían traído por el sendero de carballos.
Tres años antes, su mozo que era marinero desde niño, había sido destinado a las Quintas que partían hacia Madrid, para defender a las Españas, como decían en la aldea. Aquella tarde, cientos de muchachos como él, sanos y alegres, se apiñaban en la estación. El medio del alboroto, a Uxía, le pareció que los agariños que susurraba el novio, levantaban vuelo y partían lejos, muy lejos, por cielos de fuego y hierro y sintió que sus ilusiones eran más descarnadas que el silencio de las rapazas que suspiraban por amores emigrados a América.
Cuando el tren, rodeado de neblinas, fue desapareciendo metido en la cintura verde que bordeaba las vías, y la gente empezó a despoblar el andén, aún sentía Uxía el sabor dulzón y fresco del beso y oía la voz que prometía volver.
- Verás reíña, que pondréille o tuo nome – decía la voz en el oído de Uxía – o tuo nome a miña barquiña a volta, xeitosiña, a volta.
En Madrid, las Quintas se repartieron y Uxía no tenía de su mozo después de tanto tiempo, nada más que el beso de la despedida y aquella mano que se agitaba, hasta adelgazarse ahogada en la ría de la bella mirada celta. 
Pero la mano y el beso no volvían y aquella despedida se fue tornando incolora, empeñada en quitarle también a Uxía, del beso larpeiro, recuerdo de sabores.
Se le ocurrió entonces a la muchacha, un domingo después de misa, santiguarse con agua de la pila de Santa Comba, y al pasarse los dedos con agua bendita por la boca, volvió a sentir aquella sensación purísima.
-Ah, pois mira donde istaba o bico, e eu sin sabelo – se dijo asombrada. 
Le pareció vislumbrar en eso un milagro concedido y creyó, supersticiosa como todos los galegos, que era un anuncio de paz y de regreso y que meigas boas pronosticaban de esta clara forma, besos enamorados y una barca con su nombre. 
Por esa beatitud inexplicable, segura de que hasta la Santa Compaña iba tras ella, sumó entonces a la salida diaria, un rápido paso por el atrio de la iglesia, la llegada a la marmórea pila torneada y el agua que, levantando con la punta de dos dedos, se llevaba a la boca. 
Caminaba después hasta la plazoleta y bajando las escaleras, arrimándose a la puerta del Ayuntamiento, volvía a repartir sus ojos sobre todas las letras, y por fin, nada, grazas a Deus, nada, y otra vez, desandar el camino hasta su casa. 
Un mediodía lluvioso de febrero, encharcadas las zocas y el pañuelo pegado a la trenza rubia, Uxía, después del ritual acostumbrado, paseó su inquietud por los nombres que apenas deletreaba y descubrió las letras que tanto había rezado para no descubrir. La P, y junto a la P, la M.
Las dos letras eran una sola letra esmerilada dentro del rocío desolado de sus ojos, y por esa mirada le entró una mordida de sierpe retorciéndole las carnes y un sofoco de dolor callado que le quemó el aire.
- Enton, que vou facer sin o meu queridiño, e maís con tódolos bicos que tiña para darle – dijo Uxía, herida de una pena sin remedio, herida de esa herida fatal que nace en el alma y no tiene cura. 
Incrédula, con el cuerpo apretado en un puño de ferro, Uxía no supo qué hacer con esos besos que había guardado mientras la muerte rondaba la juventud de aquellos que alejados del calor de la lareira, luchaban en el frente, hermanos contra hermanos
Dolor sin voz, martirizado por el recuerdo, verde lamento de lembranzas que divaga entre as pedras e os cruceiros e os hórreos. Y rechonchía como el pardal y retorna como la anduriña a golpear con sus alas los ventanales de la ternura. Morriña de cristal quebrado, cantigas de incienso que solamente entiende el sentimiento gallego. 
Caía la lluvia aún, con filo de machadiñas sobre las piedras y el viento cortaba de monte a monte, cuando Uxía, cruzando el atrio abovedado, fue hasta la pila de mármol y metió los dedos en el agua. Con la misma devoción con que tragaba la Hostia divina, se bebió el único recuerdo que le quedaba de aquel mozo marinero.
Lonxe o corpo, maís preto a alma de nostálgico son de gaita, un beso y una mano se deshacían, inmóviles, cenicientos, bajo el cielo de las Españas.

MARITA RODRÍGUEZ-CAZAUX 

miércoles, 25 de enero de 2012

Cuando abras los ojos

One short sleepe past, wee wake eternally,
And death shall be no more; death, thou shalt die.
John Donne

Ahora eres una brisa que acomoda mis cabellos,
un huérfano que siente que lo escucha el silencio.
Cuando abras los ojos,
quizá me veas en esa oscuridad, esa tierra de lluvias.
Me sobran, padre, el aire y la luz.
Voy descubriendo –de brazada en brazada-
orillas y memorias.
No he venido para hablarte de mí.
Mi deseo es que tu muerte no se olvide en la aldea.
(Tal vez puedas oírme, tal vez tu mano llegue
a acariciar mi frente como cuando era niño).
Después de muchos años, ya no vengo a llorarte.
Me he ido acostumbrando a caminar
por barrios de la infancia, por calles derrumbadas.
Recuerdo tu sombrero,
y mi mano apretada en la tuya.
Por aquel tiempo me hablabas de huelgas
y veía tu boina, el poncho de vicuña, el Smith&Wesson.
Ahora
soy un hombre que fuma en pipa y evoca tus palabras
al recorrer espejos en cada habitación.
Quiero decirte: me acostumbré a hablarte,
a llevarte velado por los sueños, a conversar secretos.
(Te pido que lo calles; hay celos y envidias que dan pena).
Ya sin casa ni humedad ni garganta
amaneces en este nuevo el tiempo. Parece mentira, lo parece.
Reafirmo tu legado: una biblioteca, una conducta,
la voluntad del solitario, la mirada de ojos claros,
un puño golpeando las mesas y las puertas.
Y una rosa roja en la barca. Nada más.
Confieso, padre, que ahora me enseñas otro mundo.
Atesoro silencio y lo comprendo.
Hablo de ti a mis hijos, en esta soledad desmemoriada.
Descubro otros pájaros, otras bellas imágenes,
una noche de invierno desde un muelle desvencijado.
Descubro en todo esto la rareza de todo.

Ahora
vuelvo a oírte en este banco de plaza,
entre el sol del verano,
mujeres y camelias,
bajo estos árboles que resucitan el verdor.
Y miro.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2012

martes, 24 de enero de 2012

MEMORIAS DEL VIENTO

por Jorge Torres Zavaleta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 2011. 304 pp.

Leo las obras de Torres Zavaleta, sin perder una. Tengo, inclusive, El hombre del sexto día (1976), su primer libro, del cual seleccioné el cuento "Gargantúa", para una antología de autobiografía en la Argentina. Me llamó siempre la atención su versatilidad, que lo hace capaz de abordar desde múltiples puntos de vista un mismo tema; por eso, titulé "Las facetas del escritor" a la entrevista publicada hace tiempo en La Capital de Rosario, que puede leerse en este blog.
Memorias del viento señala - a mi criterio - el cenit de la trayectoria de Jorge. En él relata el ocaso de una familia de clase alta; no obstante, aparecen fragmentos dignos de El primer viaje, o de Las voces del reino. El lector se encuentra situado cómodamente en un paisaje bucólico, imaginando niñas que se visten para pasear en un carruaje, escuchando charlas intrascendentes de adultos, cuando de pronto, irrumpe la violencia con toda su fuerza, sacudiendo los cimientos de esos personajes. El golpe inicial, el más doloroso, lo asesta con "Sunsetting". No sabemos, hasta avanzado el relato, por qué esa atrocidad. Cuando lo explica, no logra quitarnos la sensación de espanto que nos invadió. Seguidamente, "Sombras de la noche", "La sangre" y "Aquello que se esconde", acrecientan la tensión, nos tienen en vilo. Y el paisaje idílico se transforma en tinieblas amenazantes.
Vuelve la calma, pero ya con la mansión herida de muerte. El palacio de verano es desguazado, arrastrando consigo, como un barco que se hunde, el esplendor de épocas doradas. El viento ensaya un requiem, y el narrador recorre la propiedad, con la ilusión de poder librarse de ese querido pero abrumador recuerdo. No lo logrará.
Jorge Torres Zavaleta, galardonado con tantos premios - el mayor de ellos, quizás, la amistad con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares -, nos brinda un conjunto de relatos en los que utiliza con soltura un lenguaje riquísimo y se interna con sagacidad en las honduras del alma humana.

http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/1987/08/jorge-torres-zavaleta-las-facetas-de-un.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/1987/06/el-hombre-del-sexto-dia.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/1986/08/el-primer-viaje.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/2000/01/el-palacio-de-verano.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/1993/07/la-casa-de-la-llanura.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/2000/12/la-noche-que-me-quieras.html
http://mariagonzalezrouco.blogspot.com/1994/11/territorios-de-infancia.html

martes, 17 de enero de 2012

En el nombre de Raquel

Dramaturgia: Myrtha Schalom - Mariel Rosciano. Actuación: Mariel Rosciano. Dirección: Gabriel Rovito. Diseño Sonoro: Jose Mediavilla. Escenografía: Barbara Alperowicz. Diseño Gráfico: Lucas Giono. Fotografía: Mara Folch. Asist. De Producción: Ma. Emilia Rosciano. Producción General: Gazpatxo Producciones. Prensa: Mariel Garrido

¿Cómo tratar un tema doloroso sin que deje de ser bello? ¿Cómo crear conciencia sin opacar la condición artística de la obra que se presenta? Estos desafíos parecen ser los que abordaron los talentosos integrantes de este equipo, logrando un resultado magnífico, producto del amor y el cuidado puesto en cada detalle.
Me deslumbraron. Myrtha, tan amigable, tan cálida, con esa trayectoria impresionante que tiene, que incluye un Martín Fierro; Mariel, con su decir clarísimo y natural, con el esfuerzo enorme que hace no sólo en lo emotivo, sino también en lo físico; Gabriel, forjando las situaciones en las que vivió esa Polaca que tanto coraje tuvo... Y las luces, el sonido, la escenografía (original y llamativa), acompañando y completando cada idea que se enunciaba.
El lunes a la noche, en el Teatro Sha, aplaudimos hasta que no pudimos más. Les agradecimos que nos hicieran sufrir, indignarnos, sonreír. Fueron momentos en los que ninguno de los presentes quedó ajeno al drama. La actriz, sola ella, protagonizó diversas episodios: ante la cuñada, ante el segundo marido, ante el juez, y no obstante su juventud, salió airosa donde más de una fracasaría.
Felicitaciones a todos, y gracias por compartir este espectáculo duro pero esperanzado, que se cierra con las voces de muchas mujeres que reavivan la herida, que demuestran que tantos años han pasado en vano. 

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miércoles, 11 de enero de 2012

Habitar la letra: Judaísmo, escritura y transmisión

de Liliana Ruth Feierstein.
Acervo Cultural Editores. 
Buenos Aires: 2011. Con capítulos escritos con Liliana Furman. 

Habitar la letra: Judaísmo, escritura y transmisión, por Liliana Ruth Feierstein1 es el libro que he estado esperando desde hace mucho tiempo. Frustrado por una lectura de The Jewish Mind (1977) de Rafael Patai, que se enfoca en el efecto del contacto con otras culturas sobre la experiencia judía, he revisado una multitud de estudios sicológicos o sociológicos -y hasta teológicos- que no me dieron satisfacción. Yo buscaba un trabajo que explicara desde adentro el funcionamiento de la mentalidad judía y cómo difiere de la no judía. En otras palabras, ¿por qué los griegos, los romanos, los españoles, los nazis consideraron a los judíos como el otro, un pueblo al que necesitaron dominar, expulsar y hasta aniquilar? 
En este libro, Feierstein apunta a lo que considero ahora una pieza principal del enigma. Según ella, a lo largo de los siglos, los judíos han mantenido una relación íntima y muy personal con sus textos, es decir, con cada tableta, documento, libro que poseen o escriben. Llamados con el cliché “el Pueblo de Libro”, los judíos no solamente tienen reverencia por lo escrito, sino que están compenetrados sicológica y comunalmente por sus muchísimos libros. Ella arguye que la base del modo de ser judío es la interpretación y la reinterpretación ad infinitum de la escritura, comentarios sobre comentarios, punto de vista sobre punto de vista. Es una discusión constante y atemporal: nada es estático, nada tiene fin. Y la Ley es circunstancial; cada caso es tratado como único. Feierstein concibe a las notas al pie y las notas del traductor en un documento como extensiones del proceso de interpretación. 
Los judíos habían perdido su tierra y no tuvieron por milenios otra segura. En fin, los textos se convierten entonces en una tierra portátil, un hogar espiritual y práctico. Y tiene la posibilidad de adoptarse a las circunstancias. La práctica de interpretar textos -a menudo vagos o pertenecientes a épocas muy lejanas-, que se concreta con los comentarios bíblicos en el Talmud, el compendio de leyes judías que es “una obra abierta” de textos complejos y comentarios atemporales, en los cuales un sabio del siglo diecinueve reflexiona sobre una opinión dada en el octavo siglo. 
Esta manera de pensar continúa hasta el día de hoy. Un pensamiento analógico que pone en cuestión la lógica occidental, lo lineal, lo deductivo, lo dogmático, la creencia que hay una sola respuesta a una pregunta de fe o doctrina. Es un modo de ser que separa a los judíos de todo tipo de totalitarismo o dogma, sea de estilo religioso, romano o nazi. 
Habitar la letra es una colección de artículos entrelazados, densos y condensados, bien organizados. Es un libro original y perspicaz, obra de una investigadora madura y de vista aguda, ingeniosa. Lleva consigo la erudición y la claridad, lo teorético y por supuesto los comentarios innovadores de la autora misma. Y usa como arma su habilidad excepcional para aplicar conceptos de la los filósofos judíos alemanes Hermann Cohen, Walter Benjamin y Emmanuel Levinas, o de los judíos franceses Henri Bergson y Jacques Derrida, para comprender el significado de la escritura judía. La bibliografía que informa el libro es extraordinariamente completa. 
Los capítulos incluyen estudios y meditaciones, empleando ejemplos reales e históricos del significado la escritura en la tradición judía. Destacan los aquellos sobre libros quemados, perdidos y escondidos, durante y después de la aniquilación de la mayoría de los judíos europeos, así como los números sobre la piel, la poesía escrita en el gueto, los libros escondidos en pozos y las autobiografías de las víctimas. Desde una dirección distinta, Feierstein contribuye con dos capítulos fascinantes sobre la relación entre El Quijote y el pensamiento judío. En uno, ella apunta que los dos comparten los conceptos del viajero en peligro constante, el incendio inquisitorial, la fuerza de los libros para guiar la vida, y en particular, el deseo de la justicia. Además, discute Alberto Gerchunoff, el padre de literatura judío-latinoamericana, quien emplea al Caballero de la Triste Figura como parte del su política de integración. 
Habitar la letra es de interés especial para los que estudian la cultura judeo-argentina porque Liliana Ruth Feierstein analiza, como ejemplo de la relación entre los judíos y los escritos, la fascinante historia de la prensa judía en Argentina. Estos periódicos escritos en idish, una mezcla de idish y castellano y solamente en castellano, que surgen desde 1909 hasta alrededor de 1983. Los primeros, publicados en idish, sirvieron para educar a los colonos y crear una red entre las colonias agrícolas judías de las pampas. Luego, otros periodistas se enfocaron en la integración en Latinoamérica, basada en la reinterpretación del español como una lengua intrínsicamente judía y con Argentina como “patria de los exiliados de la Inquisición”. Luego, aparecen los traductores y legitimadores que trabajaron incesantemente para hacer disponibles a una población de inmigrantes las grandes obras de la literatura mundial (Cervantes, Shakespeare, Dostoievski) tanto como la literatura idish en su original y en traducción al castellano. Quienes los siguieron crearon revistas para una difusión masiva de “una voz judía”, destinada a un público amplio y diverso. Y durante los días peligrosos de la dictadura militar del Proceso (1976-83), alguna prensa judía llevó a cabo “una lucha escrita” contra el gobierno, dando a conocer la situación de la política nacional a través de un código donde la reemplazaron con notas que aparentemente “trataban” sobre la comunidad judía. 
Liliana Ruth Feierstein habla poco de las tendencias asimilatorias, seculares y multiculturales que afectan la mentalidad judía actualmente y que puedan metamorfosearla. Pero eso no importa. Es un tema para otro libro. En este Habitar la letra de Liliana Feierstein podemos acceder a una perspectiva singular, amplia y apasionante para acceder a la temática judía de nuestro tiempo. 

Stephen A. Sadow, PhD. 
Northeastern University, Boston 

1 Liliana Ruth Feierstein se doctoró filosofía en la Universidad Heinrich-Heine-Dusseldorf, Alemania en 2007; su tesis es sobre la relación educación-histórica con el otro desde la perspectiva del pensamiento judío. Recibió el Premio Augsburg de Ciencias de Estudios Interculturales 2008. En 1999, completó su Maestría en Educación y Método de Investigación, Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV), México. Estudió por semestre en Canadá, en la Universidad de British Columbia, Vancouver ("La historia de las minorías culturales y la educación"); en 1995 recibió la Licenciatura en Ciencias de la Educación, Universidad de Buenos Aires. 
Libros publicados: Astillas en la memoria: de fantasmas, heridas y ausencias en los discursos de educación indígena, Galerna, Buenos Aires 2008; Von Schwelle zu Schwelle. Einblicke in den didaktisch-historischen Umgang mit dem Anderen aus der Perspektive jüdischen Denkens (De umbral a umbral. Miradas en torno a la relación educativa-histórica con el otro desde la perspectiva del pensamiento judío), Edition Lumière, Bremen, 2010; Habitar la Letra: Judaísmo, escritura y transmisión, Acervo Cultural Editores y Seminario Rabínico Latinoamericano, Buenos Aires, 2011. Es autora de diversas publicaciones sobre pensamiento judío, filosofía de la alteridad, pedagogía de la diferencia y literatura judeo-latinoamericana. 

En el nombre de Raquel

de Myrtha Schalom y Mariel Rosciano




Inspirada en la novela ¨La Polaca¨ de Myrtha Schalom, que relata la historia de Raquel Liberman, una inmigrante judía polaca que obtuvo notoriedad por haberse atrevido a denunciar ante la Justicia en 1929, a la sociedad de proxenetas Zwi Migdal. 
La versión teatral pretende mostrar instantáneas de su heroíca y breve vida en nuestro país a comienzos del siglo XX que, sin alteraciones, replican y padecen mujeres en situación de prostitución aún en el siglo XXI. 
Nuestra intención es enlazar aquel hito histórico, jurídico y social con la lucha que se da hoy en día contra las redes de trata de personas.

Dramaturgia: Myrtha Schalom - Mariel Rosciano
Actuación: Mariel Rosciano
Dirección: Gabriel Rovito

Diseño Sonoro: Jose Mediavilla
Escenografía: Barbara Alperowicz
Diseño Gráfico: Lucas Giono
Fotografía: Mara Folch
Asist. De Producción: Ma. Emilia Rosciano
Producción General: Gazpatxo Producciones
Prensa: Mariel Garrido (marielgarridodeprensa@gmail.com)

Estreno: Lunes 16 de enero a las 21 hs. 
Funciones: Lunes a las 21 hs
Teatro: Teatro Sha (Sarmiento 2255)
Entradas: $50.- 

+ PRODUCTORA: www.gazpatxo.com






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Mariel Garrido
Prensa / Producción
marielgarridodeprensa@gmail.com


¿Cómo tratar un tema doloroso sin que deje de ser bello? ¿Cómo crear conciencia sin opacar la condición artística de la obra que se presenta? Estos desafíos parecen ser los que abordaron los talentosos integrantes de este equipo, logrando un resultado magnífico, producto del amor y el cuidado puesto en cada detalle.
Me deslumbraron. Myrtha, tan amigable, tan cálida, con esa trayectoria impresionante que tiene, que incluye un Martín Fierro; Mariel, con su decir clarísimo y natural, con el esfuerzo enorme que hace no sólo en lo emotivo, sino también en lo físico; Gabriel, forjando las situaciones en las que vivió esa Polaca que tanto coraje tuvo... Y las luces, el sonido, la escenografía (original y llamativa), acompañando y completando cada idea que se enunciaba.
El lunes a la noche, en Hebraica, aplaudimos hasta que no pudimos más. Les agradecimos que nos hicieran sufrir, indignarnos, sonreír. Fueron momentos en los que ninguno de los presentes quedó ajeno al drama. La actriz, sola ella, protagonizó diversas episodios: ante la cuñada, ante el segundo marido, ante el juez, y no obstante su juventud, salió airosa donde más de una fracasaría.
Felicitaciones a todos, y gracias por compartir este espectáculo duro pero esperanzado, que se cierra con las voces de muchas mujeres que reavivan la herida, que demuestran que tantos años han pasado en vano.