viernes, 6 de mayo de 2011

MI REDENCION

Hoy puedo reposar el desayuno en la cama; tengo tiempo para meditar. Busco ideas nuevas y no acuden más que recuerdos viejos.
De repente, surge en la perdida de la unidad que encierra mi cuerpo mortal y libertado en el ensueño de vivir mecido la bruma de Galicia. Oh, dime lo que viste en el camino, viento norte tormentoso, al venir acariciando la tierra que está en mi pensamiento.
Sin ti, tierra mía, perpetuamente estoy pasando en las mayores alegrías, cálidas tristezas.
Decía bien mi padre. Allí se da el mejor vino, el agua superior y la buena leche. Allí las fiestas madrugan en alboradas de gaita. Todo me inspira para el fundamental y auténtico sentimiento, brota mi fogosa galleguidad dormida.
Después, mi saudade, aún quiero visitar devotamente los muchos cementerios donde duermen los últimos mártires de la libertad, en número incontable.
Mi imaginación vio una hoguera en cada cementerio, como otros tantos clamores de justicia. Pero en el de Lugo vi una llamarada que llegaba hasta el cielo. Era la lumbre y el espíritu de mi padre que no figura en la Santa Compaña de los inmortales, porque no pertenece a la historia pero sí a la tradición; aroma de leyenda.
El tendrá que ser, en un mañana próximo o lejano, la bandera de mi redención.

Osvaldo Abel López

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