domingo, 9 de mayo de 2010

CARTA A MIS ABUELOS

Vuelvan. 
Cúbranme de su idioma 
volador 
como las arenas de Maalula. 
Denme la luz 
los rostros y los nombres queridos 
que dejaron allá, 
donde tú 
abuelo 
usaba botas negras y los ojos alegres 
y tú, abuela 
bordabas el viento 
en los manteles 
y estabas con tu madre 
y sonreías. 
Cuéntenme de la tarde 
cuando se conocieron 
y del paisaje donde nació mi padre. 
Cuéntenme la tristeza que tenían, 
cuéntenme los recuerdos que trajeron, 
cómo cantaban mientras lavaban ropa. 

Hoy viajan en mi sangre 
las calles de su tierra, 
la piel oscura de sus hombres, 
el calor de sus casas 
como piedras calientes. 
Y me suben a la boca 
dátiles como hostias 
y aquella fe en El Libro 
que nunca dejaban de leer. 
Y me crecen 
higos dulces con nueces 
y viajes con mucha pobreza 
y niños vendiendo telas en canastas 
y pueblos enteros caminando 
y arroz envuelto en hojas húmedas de parra 
y leche agria con menta seca 
y cruces 
y más cruces 
como el dolor de toda la familia. 

Yo bendigo la tierra 
que le han dado a mi alma 
y esta música 
ardiente 
como el sol de Damasco. 

Ahora 
que duermen con todos los parrales 
en la tumba 
y que en la casa 
no están ustedes y han muerto 
los canarios, 
les prometo un racimo de uvas 
este verano. 

Susana Cabuchi

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