miércoles, 18 de febrero de 2009

DE LOS ARRIBES DEL DUERO A LAS PAMPAS ARGENTINAS

...Entre la bruma del recuerdo, comienzan a aparecer imágenes, borrosas y parece que el reloj del tiempo retrocede y las agujas de la imaginación vuelan...vuelan y se detienen en una hora exacta: las 10 de la mañana de un día muy calido del mes de agosto del año 1952, fecha precisa de un exilo forzado del querido y añorado Cerezal de Peñahorcada.
Porque, quien esta recordando y escribiendo esta historia (que por cierto es real, ya que es la mía y yo, yo la viví) es alguien que siente cuanta verdad hay en el dicho "que el alma duele", porqu aunque no se ve, si se siente, a través de sentimientos y aún más les digo; trataré de verter en este relato, no solamente mis vivencias, sino también lo mejor que tengo en mi interior, con una desnudez total, que ofrezco humildemente a quienes, como nuestra familia, tuvieron que dejar el terruño y echar raíces en esta hermosa tierra que es Argentina. Agradezco a Dios, por guiar mi mano a la hora de las narraciones y tener la dicha de poder a través de las palabras, de expresar sentimientos y desenterrar tesoros escondidos.
Escribir...escribir es plasmar deas, angustias, gozos, alegrías, emociones, sentmientos. Por eso es hermoso escribir, mentras se percibe una dulce fragancia en las palabras y escuchamos una melodía con perfume a lavanda. Y que mejor manera de comenzar mi relato de esta forma:

Yo nací en Los Arribes,
allá lejos y en España,
en Los Arribes del Duero.
En un pueblito pequeño, Cerezal
de Peñahorcada, que enclavado
en la provincia de Salamanca esta.
Una famlia muy hermosa, compuesta
por un jefe patriarcal, Don Leonardo,
una gallega muy alegre; Doña Felicidad.
A mí, para completarla más, me llamaron
Inocencia, que pensaba que en la tierra,
en la tierra no había maldad.

Esta famlia formaba un árbol,
que trasplantado a la Argentina,
echo grandes raíces acá,
sn olvidarse nunca de su España natal.
Así el árbol no se derrumbó,
aseguró sus raíces y se alzó,
porque las tenía muy buenas,
y como dirían algunos;
¡¡de pura cepa nomás !!
Porque esas raíces son fuertes,
prendieron muy bien en Argentina,
porque quien al árbol transplantó,
fue un patriarca muy querido,
que supo en mí inculcar,
los valores que a mi lado están,
y que son: VERDAD, JUSTCIA, SOLDARIDAD.

La historia comienza cuando mis padres decidieron dejar a una España que se había desangrado en una guerra civil muy cruel y dolorosa hasta convertirse en una España pobre y desesperada.
En ese cálido verano del año 1952, partieron hacia América del Sur, a Argentina, con dos pequeños tomados de sus manos; mi hermano Angel y yo. Que puedo decir de lo que se siente en el alma, en lo profundo de nuestro ser, cuando hemos sido forzados a un exlio (por así decirlo) que no elegimos. Es como dice una famosa canción "no soy de aquí, ni soy de allá..." Porque eso es lo que siento. Añoro, extraño el lugar donde nací, donde di mis primeros pasos, donde quedaron mis abuelos, mis tíos y primos...
Como si fuera un sueño, comienzan a aflorar imágenes de nuestra partida de Cerezal, el sendero hata el autobús que nos llevaría a Salamanca y luego el tren, hasta Cádiz. En este puerto enbarcaríamos en el buque "Cabo de Hornos" y la travesía por el océano, tan inmenso que parecía no tener fin nunca. Así, días y días en esa inmensidad...cielo y agua; agua y cielo...algunos delfines brincaban a lo lejos y nos acompañaban, como para romper esa monotonía y el tiempo transcurría...Lo que más recuerdo fue nuestro bautismo de espuma al atravesar la línea del trópico, en Ecuador. Fue una verdadera fiesta inolvidable. Estaba el Dios Neptuno (Rey de los mares) con su corona y el tridente en su mano derecha...

Inocencia (CENCI) Rodríguez Martín

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