miércoles, 20 de febrero de 2008

I N T E M P OR A L

Perpétua Flores

Hubo un tiempo de esperas, sin cadencia
de reloj. Y sin nervios Sin los pasos
del ir-y-venir, propios de impaciencia.
Y un tiempo de llegadas y de abrazos.

Una edad juvenil - casi demencia-
sin tiempo para celos y cansancios,
cuando el placer llenaba los espacios
y era un juego de niños la existencia.

Hoy pasa de mí, pasa de él, de todos
- trás un tiempo que muere y también nace-
y enpuja el de adelante en bruscos modos...

Viejo, fíngese joven. El egoísmo
hace con que su tiempo no comparta
y no lo use, siquiera con él mismo.

Perpetua Flores

perpetuaflores@yahoo.com.ar

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