domingo, 21 de enero de 2007

AGUA, PIEDRAS Y ESCOBAZOS

de Germán Cáceres. Texto inédito 

En esta obra se evidencia un aspecto desconocido para mí, hasta hoy, de la producción del autor. Lo vengo siguiendo desde hace más de veinte años. Primero fue su narrativa policial, que comenté en 1986 en el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca; luego, su obra de teatro Viajeros, en la que plantea cuestiones existenciales caras a todos los seres humanos; su investigación sobre el cine de animación, volumen acerca del cual lo reporteé para Letras-Uruguay y su literatura infantil y juvenil, destinada a lectores que buscan un texto relacionado con sus intereses y su realidad. (Enumero sólo algunos de sus libros). 
Ahora, leo esta obra teatral, y me sorprendo una vez más. Ignoraba yo que a Germán le interesara esta temática, que cultiva con gracia y conocimiento del tema. Su recreación del clima del conventillo se inscribe en la tradición al respecto, pero brilla con luz propia; sus parodias del lenguaje de los inmigrantes, y de las discusiones entre ellos, nos hacen palpitar esos momentos tensos en los que las diferencias entre inquilinos se postergan para dar paso a la unión frente al propietario. Dice el Gallego: “Vistei que los propietarios quierun imponer un aumento de alquileres. (Pausa. El Turco lo mira alarmado. ) Y los muy hijos de puta también elevan esta mierda de maroma que nos dan pra dormir. (Señala la soga en la que están apoyando sus axilas. ) ¡Creen que estamos en un jotel de lugo!”. El Turco le contesta: “¡Bero algo habrá gue hacer! Si la guita de los salarios ni nos alcanza bara gomer”.
Entre los inmigrantes se ve, asimismo, una diferencia de actitud; mientras el gallego es contemporizador, el turco se muestra inflexible, pero ambos luchan por lo que consideran justo. El italiano, en cambio, muestra una faceta censurable de la inmigración; él dice a los otros inmigrantes, que se quejan por la falta de higiene: “Ma ostedes son ñus engropidos. Con lo poco que pagan ¿qué querere? ¡Parecen sobradores!”. La figura del encargado del conventillo se encuentra en la literatura, y encarna la fuerza del poderoso frente al desamparo de los que nada tienen. 
Encarnan también al poder los personajes del doctor José Figueroa Alcorta y el coronel Ramón Lorenzo Falcón. Este último dice al presidente: “Hay una huelga de inquilinos capitaneada por anarquistas. Si llegan a triunfar es el comienzo de un proceso revolucionario que puede socavar las bases de nuestro ordenamiento económico. (Pausa. ) (Con sorna. ) Y le repito: también con sus maravillosos viajes París”. 
Finalmente, llega la represión: “(Entra corriendo Inquilina 1 seguida de un policía, que le pega y la derriba. ) (La Turca se mete al baño, perseguida por un policía que la castiga haciéndola lanzar fuertes gritos de dolor. ) (Lentamente el ruido de los cascos de caballos disminuye. ) La iluminación se centra en el cuerpo sin vida de Miguel Pepe que yace en el patio del conventillo”.
Breve, contundente, sumamente lograda, esta pieza reafirma una vez más el talento de su creador.

viernes, 19 de enero de 2007

BABILONIA CHICA

por Mito Sela. Buenos Aires, Milá, 2006. 112 pp. (Imaginaria).

“Moshé (Mito) Sela nació en Buenos Aires en 1933. Pasó su infancia en la ciudad de San Martín, en el barrio de la industria textil. Desde temprana edad fue miembro del movimiento juvenil Dror Habonim. En 1955 emigró a Israel. Desde entonces es miembro del kibutz Nir Am, en el Neguev. Casado, con cinco hijos y ocho nietos. Trabajó en la mayoría de las tareas del kibutz y paralelamente asumió distintos cargos directivos en la vida comunal. En 1964 fue enviado a la Argentina como sheliaj de la Agencia Judía. Completó sus estudios académicos en Efal (seminario de los Kibutzim). Actualmente jubilado, dedica su tiempo como voluntario en la absorción de nuevos emigrantes y en escribir recuerdos y vivencias”. La edición de Babilonia chica, su primer libro, fue patrocinada por el Fondo Familiar Mishpajat Goler Parasol. 
Desde su madurez, y desde Israel, Mito Sela evoca un tiempo entrañable. Los padres, la hermana, las tías, los compañeros y maestros de escuela pública y de escuela judía, los vecinos, son los personajes de estas memorias que tienen por objeto rescatar hechos y situaciones: “Las imágenes surgen ocasionalmente cuando los recuerdos se agudizan y se detienen en alguien o en algo que, supongo ahora, tuvieron influencia en ese período de mi vida y, a pesar del tiempo, como si lo hiciera con un simple soplido, disperso el polvo que cubre esos recuerdos que, como si fuese hoy, continúan intactos. Por eso me apresuro a escribirlos, antes que la memoria me traicione”. 
Aunque vive en Israel desde hace décadas, su libro está escrito en castellano: “Me preguntan hijos y nietos, me pregunto yo: ¿por qué en castellano? No lo puedo explicar. Es posible un argumento del subconsciente: recuerdos de la niñez se puedan relatar en el idioma materno. Además, en estos últimos años el castellano me tiene atrapado. Y me resulta más cómodo dejarme atrapar”. 
Rinde homenaje a una época: “No me autoengaño idealizando el pasado. Pero quiero ser sincero: lo extraño. Extraño la risa de los niños de entonces. Los de hoy son excitados, irritables y pálidos. Antes se estimulaba leer la enciclopedia. Hoy se vanaglorian los conocimientos de la cibernética”. El pasado es visto con sus luces y sus sombras por este escritor que no deja de destacar, en todo momento, el cariño y la contención que le brindaba su familia, inserta en el marco de la inmigración que llegó a la Argentina huyendo de guerras y hambre, y se afincó, entre otras muchas localidades, en el barrio en el que vivió Sela, en el que día y noche se escuchaban los telares. Otros capítulos se refieren a sucesos que tuvieron lugar años después, pero son los recuerdos de estos primeros años los que resaltan con mayor fuerza. No es casual que el autor haya elegido ese título, privilegiando así una parte de la obra. 
La evocación es realizada con espíritu crítico, desde el adulto que es hoy. Destaca las virtudes de muchos y los defectos de algunos, sean judíos o no. Todo con un sostenido tono nostálgico, que alcanza su clímax cuando el autor vuelve temporariamente a la Argentina y va a ver su casa: “Una nostalgia inexplicable me llevó a visitar mi antigua casa. Me acompañó la familia. Al llegar a la calle Liniers, la distinguí desde lejos. Avancé apresurado. Quise aislarme. Cuando llegué a la vieja puerta, la encontré cerrada con una gruesa cadena. Traté de introducir mi mirada por las rajaduras y sólo alcancé a ver una imagen, quise creer que era la higuera abandonada. No sirvió mi edad, la madurez y la experiencia. Volví a ser niño por segunda vez, y no pude detener las lágrimas”. 
Para quienes vivieron esos años, y para quienes nada saben de ellos, este libro es un testimonio valioso sobre la vida cotidiana de una familia judía de esa época, en una tierra que adoptaron como propia (“Argentina no fue un refugio pasajero –afirma-, fue un hogar, fue una cultura, fue una esperanza”). Es, además, una demostración de que el ser humano puede, si se lo propone, vencer todos los obstáculos. La trayectoria de Sela así lo demuestra. 
“Entre esos dos extremos –destaca Moshé Goler-, desde la infancia argentina a la madurez israelí, está toda una vida, de un joven que eligió el trayecto jalutziano, fue educador en el Movimiento Juvenil Jalutziano en Argentina, hizo aliá y formó su familia y vive hasta hoy en el kibutz Nir Am cercano a Gaza, donde la historia de esta tierra tan peleada y llorada se sigue haciendo, filmando, grabando y transmitiendo a todo el mundo en estos días. Al lado de la Historia con mayúscula, están surgiendo los nuevos relatos que Mito escribe en su intimidad”. 
Completan el volumen numerosas fotos acerca de la infancia argentina y el presente israelí.

jueves, 18 de enero de 2007

Sobre encuentros y despedidas

de Alberto Mazor. Buenos Aires, Milá, 2006. 88 pp. (Imaginaria)

Alberto Mazor (Mazur) nació en Buenos Aires hace 60 años. Emigró a Israel en junio de 1967. Casado, dos hijos y tres nietos. Desde 1968 vive en el kibutz Metzer, fundado por olim argentinos en 1953. Es licenciado en Ciencias de la Educación, Filosofía e Historia en la Universidad de Haifa, Israel. Educador y maestro, tiene en su haber mas de veinticinco años de experiencia en trabajo educativo, en especial con adolescentes. Representante de la Agencia Judía (Sojnut) en la Comunidad Sefaradí de Mexico (1980-1984), donde realizó un trabajo comunitario-educativo. Director del Departamento Latinoamericano del Kibutz Artzí-Hashomer Hatzair (1993-1997). Representante de la Agencia Judía en México y América Central (2000-2002) para promover la educación judía y la aliá. Hace cuarenta años que escribe poesía y música. Ha publicado artículos sobre política israelí, pensamiento judío y educación y el libro de poesía Dos años en el desierto.
Quince cuentos integran este primer libro de narrativa de Alberto Mazor, en el que aborda temas que tienen que ver con su vida personal, con el mundo de hoy y con el ser humano de todos los tiempos. En los textos se encuentra la preocupación ética de un hombre que cree en la posibilidad de superación. De los cuentos, menciono los que más me gustaron, sin que ello signifique que los demás no están a la dignísima altura de estos.
En "1965 El adios a Buenos Aires", un narrador nostálgico ha encontrado la forma de conjurar la tristeza por la tierra que dejó. Cierra este cuento una frase que me pareció brillante: "Mi Buenos Aires es, a veces, mi refugio; lo importante es aceptar que en la vida no se puede ser un eterno refugiado".
"1967 Israel: el imperio triste" relata la historia del rey que sólo era feliz dañando a los demás, y que, paradójicamente, se dedicaba a negociar la paz.
En "1984 México: el adiós a Dios", se narra la apuesta realizada por Dios y el Diablo y como, cuando parecía que no, el diablo vence una vez más.
En "1994 Treblinka: 52 años después; la carta del abuelo", el antepasado le escribe: "Es triste pensar que voy a ser asesinado a sangre fría, es por eso que prefiero no aceptarlo y vivir en función del desentendimiento".
Finalmente, "2006 Kibutz Metzer: Epilogo", una bella y tierna historia de amor entre dos ancianos, es el cierre para este libro en el que las despedidas siempre son encuentros con algo nuevo, no motivos para echar de menos lo que ya no está.
Hace cuarenta años que Mazor escribe. Esperamos que siga publicando. Su escritura da placer y hace pensar.

jueves, 11 de enero de 2007

ENTRE CUENTOS Y RELATOS

por Francisco José Robles. Victoria, Entre Ríos, 2006. 112 pág.

Leí esta colección de diecisiete textos, en los que se advierten varias características comunes a todos ellos. 
En primer término, la formación del autor, que se trasunta en las alusiones a personas y lugares, a sucesos del pasado y del presente. Los conocimientos adquiridos en los libros y en los viajes aparecen cabalmente reflejados en esta obra.
Luego, su conocimiento del alma humana, en la que sin duda tendrán que ver sus múltiples vocaciones, todas ellas relacionadas con el hombre y su circunstancia, problemática que aborda desde diferentes ángulos, ya sea que le toque actuar como sacerdote, como profesional o como escritor.
Por último, su sangre española, acerca de la que nos da referencias mínimas, pero fáciles de encontrar para el lector; me refiero al párrafo en que habla de las influencias literarias de uno de los personajes: "En lo respectivo a mis lecturas, de ordinario, pasan por los clásicos como 'El Quijote de Cervantes', 'La Divina Comedia', 'El Alcalde de Zalamea' de Calderón de la Barca".
Sobre los cuentos, nada puedo agregar, pues ya lo ha dicho todo Carlos Sforza en el elogioso prólogo que escribió para el libro. Sólo quiero manifestar -aunque no deba- que me gustó en especial "La Torre inteligente", en el que tras la metáfora de una mujer que sufre un percance al subir a un ascensor, se esconde toda una lección de vida.

martes, 9 de enero de 2007

EL INFIERNO PROMETIDO

Una prostituta de la Zwi Migdal, por Elsa Drucaroff. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas históricas) 

Kazrilev, Polonia, 1926. Dina anuncia a su madre que no se casará aún, pues seguirá estudiando. Su padre la apoya en esa decisión, y costea los estudios de la joven. La madre, furiosa, la amenaza: “¡Vos vas a terminar en Buenos Aires!”. Poco después, el vaticinio materno comienza a cumplirse: Dina es violada por un compañero de estudios. Este hecho trae la vergüenza a la familia, y el desprecio de quienes los conocen. Es entonces cuando aparece un hombre que llega desde la Argentina, buscando novia para casarse. El habla con el padre de la adolescente. “Señor Hamer, yo soy un hombre práctico –dijo sonriendo-. Busco una buena judía trabajadora que pueda manejar mi casa y criar a mis hijos. Buenos Aires es una gran ciudad, con costumbres diferentes. No es fácil encontrar chicas bien preparadas para el matrimonio en una ciudad grande. Y en el caso de su hija, precisamente por lo que ella vivió, sé que va a valorar lo que voy a darle, y me lo va a retribuir como merezco. Porque va a ser muy difícil que encuentre a otro que pueda y esté dispuesto a dar lo que yo estoy ofreciendo”. 
Luego vendrán el viaje, la explotación sexual, el terror a un juez, el respeto por un periodista y el amor por un anarquista. Tres relaciones igualmente intensas, pero diferentes entre sí por las motivaciones que las impulsan y por los efectos que producen en la joven. Y por fin, la libertad, una libertad lograda con valentía, en un mundo en el que desobedecer se pagaba muy caro. Elsa Drucaroff maneja con maestría estas situaciones, demostrando su talento en la composición de los personajes, especialmente los femeninos. Muestra una Dina que evalúa los beneficios y los perjuicios de las decisiones a tomar. Ella sabe; es esa sabiduría la que la vuelve distinta de las demás. 
La protagonista puede escapar –o al menos, intentarlo-, pero no lo hace en un principio. Ahí es cuando se pone sobre el tapete la trama de intereses privados, familiares y sociales que permitían que estas mujeres llegaran en esa forma a la Argentina, eludiendo controles, con documentos falsos, burlando a la Asociación Judía para la Protección de Niñas y Mujeres. Porque -demuestra Drucaroff- las mujeres que trae el tratante de blancas, o ya saben a qué vienen, o cuando se enteran, son más seducidas por un plato de comida que atemorizadas por los golpes. La escritora ejemplifica esta aseveración mediante los personajes de Dina, sometida voluntariamente por temor a volver a su tierra, y Rosa, una mujer que creía haberse casado por poder y, ya en Buenos Aires, se niega a trabajar. A ella, le surtió más efecto una buena cena que el castigo físico y el encierro. Esto tiene su razón de ser en la miseria, agravada por el antisemitismo, que se pasaba en Polonia en esa época. Dina soporta todo, menos el hambre. Y cuando existe la posibilidad de abandonar el burdel, compara lo que gana con el sueldo de una costurera, y sigue prostituyéndose. Es peor el hambre que la esclavitud; las joyas y las ropas costosas importan más que las humillaciones. Sólo el amor hace que la polaca huya, y comience una nueva vida, muy lejos. 
El infierno prometido es una novela escrita con documentación histórica y con hábil manejo del estilo. Drucaroff logra así una obra en la que el suspenso nos mantiene expectantes, que suscita en nosotros el deseo de felicidad para unos y castigo para otros, que nos hace sentir testigos de un drama que tiene una raíz mucho más compleja que el engaño a adolescentes y a sus familias.