jueves, 23 de noviembre de 2006

MARCO DENEVI Y LA SACRA CEREMONIA DE LA ESCRITURA:

UNA BIOGRAFIA LITERARIA, por Juan José Delaney. Buenos Aires, Corregidor, 2006. 244 páginas. 

Juan José Delaney nació en Buenos Aires en 1954. Es profesor de Literatura Argentina en la Universidad del Salvador. Ha publicado, en distintos medios, cuentos, ensayos, trabajos de investigación y textos periodísticos. En 1993, becado por la Fundación Antorchas, participó del International Writing Program, de la Universidad de IOWA (Estados Unidos). Es autor de Papeles del desierto (cuentos), Tréboles del sur (cuentos) y Moira Sullivan (novela). Por el proyecto para este libro, en 2002 recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes. 
En esta obra, Delaney biografía a quien es considerado -junto con Borges y Cortázar- uno de los tres mejores cuentistas de nuestro país. El autor plantea su postura acerca de la utilidad de las biografías para comprender mejor una obra literaria: “Respecto de la biografía de un escritor en función de su obra, ahora que las miradas de la crítica se concentran en el texto con exclusión de cualquier borde adyacente, afirmo mi convicción de que el conocimiento de la vida del autor contribuye a alumbrar su escritura; más aún: provee elementos que más allá del texto convalidan el aserto de que para los literatos la pregunta sobre qué es la literatura aparece atada a todos los aspectos de qué es la vida”. 
En cuanto a los motivos que lo llevaron a escribirla, afirma Delaney: “Hay distintas razones por la cuales uno puede emprender la escritura de una biografía. En este caso, dos fueron los motivos principales: aproximarme a una ‘vocación’ y, además, examinar los procesos de escritura en relación con una historia personal y social”. 
La evocación se inicia con la referencia a los padres del escritor. Marco Denevi fue uno de los siete hijos de Valerio Denevi, inmigrante nacido en Siena, “un italiano que durante el último tercio del siglo XIX, siendo muy joven, llegó al país con escaso dinero y sin relaciones, a fin de concentrarse en el negocio de la construcción, para lo cual, poco a poco, fue adquiriendo tierras en las entonces despobladas y subvaluadas localidades de Sáenz Peña, Santos Lugares y Villa Lynch, en la provincia de Buenos Aires”. La madre fue la argentina María Eugenia Buschiazzo, hija de italianos del norte.
El nombre que adoptaría para escribir remite a sus orígenes: “En oportunidad de su debut literario, a los treinta y cuatro años, el autor modificó levemente su nombre: optó por el italiano Marco (usado domésticamente) en lugar del vernáculo Marcos, y eliminó el Héctor”. 
Lejos de ser un rasgo anecdótico, la vivencia de la inmigración será muy fuerte en Denevi. Con Italia está relacionado –a criterio del biógrafo- “otro factor autobiográfico que gravitó en su escritura y que contribuye grandemente a iluminar la afirmación respecto del propio estilo. Hijo de la inmigración, la lengua y la cultura italianas pesaron, ciertamente, en su visión de la realidad y en su trabajo”. 
Una italoargentina, su amiga y compañera de trabajo Syria Poletti, se refiere a la herencia peninsular como uno de los factores que se advierten en la narrativa del autor y, sobre todo, en su estilo: “La literatura de Marco Denevi irrumpe y se inserta justo en el momento en que la baraúnda de voces, llamémoslas bastardas, alcanzando el máximo grado de babilonismo, debía fundirse en canales lingüísticos idóneos al sentir del nuevo hombre argentino. Y un hijo de inmigrantes italianos, si quería ser fiel a la mecánica de su propio pensamiento, si quería mantener adhesión entre emoción-idea, y palabra, debía abrir cauce a su propia vertiente expresiva. Eso hizo Denevi, como hijo de inmigrantes, como porteño, como apasionado del latín, del francés, del italiano. Y del castellano, por supuesto, idioma de fronteras y aglutinante por tradición. Quiso devolver –o dar- al idioma de los argentinos, la precisión, el ajuste, la formulación directa –directa, y no primaria- entre idea y expresión, escrita y oral”. 
Mas no fue la literatura el primer arte que cultivó. El autor de Rosaura a la diez afirmó: "Genética y educación se confabularon para hacerme adicto a la música. Mi padre, que nunca exteriorizaba sus emociones, sólo aflojaba frente a la ópera. Nací y me crié en un hogar donde se hacía música a diario, donde la música mal llamada culta formaba parte de la vida cotidiana. Todavía niño, y de la mano de mis mayores, fui a salas de concierto y al Teatro Colón". 
Pero, llegado el momento, no pudo pensar en la música como una carrera a seguir: “había sido una posibilidad que seguramente el padre no hubiera tolerado por su decisión de que los hijos varones fueran a la Universidad; además ‘eran épocas en que si un muchacho se ponía a estudiar eso, se volvía casi sospechoso, era una mariconería’. Debió conformarse con tocar piano ocasionalmente, y de oído”. Denevi inicia estudios de Derecho, y los abandona habiendo cursado sólo nueve materias. 
Cuando, en 1955, recibió el Premio Kraft “expresó que le hubiera gustado que su padre viviera ‘para que él presenciara esta travesura’ “. Sin ningún antecedente literario, Denevi gana un premio de esa envergadura. De allí en más, las obras se suceden, con éxito algunas, sin éxito otras, y lo confirman como lo que fue: un autor de indudable valía en el panorama de las letras argentinas. 
Delaney, a quien conocíamos como novelista y cuentista, se aboca a la tarea de analizar -desde el punto de vista literario, como él señala- la personalidad de Denevi. Se vale para ello del trato directo, de bibliografía –mucha de ella proporcionada por el escritor- y de testimonios recabados por el mismo biógrafo, quien realizó más de un centenar de entrevistas. 
El autor conoció al novelista “en 1974, poco después de que la revista Gente publicara junto a los de Jorge Luis Borges y María Granata su comentario harto generoso sobre mi primer libro de cuentos”. Lo describe físicamente: “A sus cincuenta y cuatro años de edad Denevi era un hombre totalmente canoso, de bigotes negros, rasgos muy definidos, retacón y de mirada inteligente. Su voz era grave, doctoral, y cuando hablaba sus dichos parecían el producto de una serie de ensayos ya que no cometía errores de dicción ni mucho menos de sintaxis o vocabulario. Hablaba como escribía”. 
Denevi estuvo al tanto del trabajo del becario: “Cuando en 1986 el ensayo biobibliográfico me tentó como posibilidad académica, reflexiva y aún estética, no vacilé en telefonearlo proponiéndole mi proyecto. Inmediatamente se entusiasmó con la idea. No tardé en frecuentarlo para entrevistas y para la recepción de libros, papeles, fotografías, tesis, recortes y toda clase de información. (...) Lástima que, habitualmente, las conversaciones telefónicas, en las que es más difícil impostar, no se registren, y que ese recurso intermedio –el correo electrónico- llegó tarde para mi biografiado”. 
Logra, a partir de tantas fuentes, este libro completísimo, en el que se analizan las obras literarias, se cotejan versiones, se incluyen fragmentos, se informa acerca de realizaciones teatrales y cinematográficas (en la Argentina y en el exterior), se enumeran ediciones y condecoraciones, se corrigen errores. Se resalta la actitud de Denevi como periodista y su incursión en la literatura infantil, aspecto de su obra, este último, quizás menos conocido que los anteriores. Se presenta asimismo la evocación de la personalidad del autor, el entorno en que vivió y la situación de la Argentina en ese tiempo. 
Prolijamente documentado -como lo estuvieron anteriormente los cuentos y la novela-, el libro de Delaney surge de años de investigación, transmitida con un tono ameno que hace que el interés del lector no decaiga un instante. 
“Por más de cuarenta años –señalan los editores- Marco Denevi (1920-1998) ocupó un lugar central en la narrativa argentina. Títulos que van desde la ya clásica Rosaura a las diez hasta Nuestra Señora de la Noche –su última novela–, pasando también por la inolvidable Ceremonia secreta, revelaron una voz original que se expresó en prácticamente todos los géneros, sin excluir guiones para cine y televisión. Esta biografía de Juan José Delaney –rica en documentos, cartas, testimonios y textos inéditos– da cuenta del camino del escritor, su formación, búsquedas, éxitos, fracasos y preocupaciones filosóficas y cívicas, dentro del contexto histórico y literario en que se desarrollaron. En otro sentido, el ensayista examina los procesos de escritura en Denevi e ilumina y valora aspectos soslayados de la producción del escritor como, por ejemplo, su condición de cuentista excepcional. El resultado es un trabajo que interesará no sólo a los admiradores de la obra de Marco Denevi sino también a estudiosos de la escritura en general y de la literatura argentina en particular”.

lunes, 20 de noviembre de 2006

LA ULTIMA REBELIÓN y otros cuentos de nuestra historia

por Germán Cáceres, Enrique Melantoni, Laura Avila, Mario Méndez, Olga Appiani, Graciela Repún y Marcela Silvestro, Lucía Laragione y Emilio Saad. Ilustraciones de Graciela Sennes. Buenos Aires, Amauta, 2006. 112 pp. (Narrativa infantil argentina)

La historia argentina ha sido siempre fuente inagotable de obras artísticas. En esta oportunidad, se trata de cuentos en los que nueve escritores acercan al público infantil momentos de nuestro pasado tomados como marco para una ficción en la que tienen gran incidencia los personajes de corta edad. Son estos chicos quienes, con su visión de la situación, involucran al lector en la trama, pues le presentan la historia como algo vívido, que puede tenerlo como protagonista. 
Algunos de los cuentos están ubicados en el siglo XIX; otros, por el contrario, se remontan desde el presente hacia ese siglo que vio nacer a la Argentina. Los personajes son los criollos, indios y morenos, y cada autor los dotará a su manera de vida y calidez. 
Germán Cáceres escribe “La última rebelión”, un relato pleno de emotividad protagonizado por un niño y una niña pertenecientes a la tribu quilmes; ellos, en el siglo XVII, encaran con valentía una situación heroica. Enrique Melantoni es el autor de “Historia chica de fantasmas”, texto en el que el juego de la escondida es el punto de partida para una experiencia fascinante, que tiene que ver con la Segunda Invasión Inglesa. En “Virginia y la salamanca”, Laura Avila se refiere a la educación que se daba a las niñas en los años de la Revolución de Mayo, y a la intención de Manuel Belgrano de cambiar esa realidad discriminatoria. En “Recuerdo de familia (Historia a muchas voces)”, Olga Appiani, Graciela Repún y Marcela Silvestro escriben una narración acerca de una familia durante el éxodo jujeño, en la que se evidencian las crueles diferencias que había entre habitantes de una misma región. En “Falucho”, Mario Méndez relata, a partir de una anécdota que transcurre en 1975, lo sucedido al soldado que se negó a honrar la bandera española. En “El hombre de la cara partida”, Lucía Laragione evoca la vida de Santiago Avendaño quien, después de permanecer siete años entre los aborígenes, vuelve con los suyos, gracias a la generosidad de Baigorria. Emilio Saad, por último, es el autor de “El ovillo del destino”, relato en el que un fantasmal Tamborcito de Tacuarí es el eje alrededor del cual giran los sucesos que tienen como personajes a criollos y un inmigrante, evidenciando la transformación de la sociedad de nuestro país en la década de 1860. 
"Todos estamos formados por múltiples historias –afirma Jorge Grubissich, en el Prólogo-. Lo mismo pasa con nuestro país, que es la suma de historias grandiosas, de pequeñas historias, de historias felices y de otras que quizás preferiríamos no recordar, aunque debamos hacerlo. Por estas razones Amauta presenta este nuevo libro, en el que la historia abandona su habitual pedestal para tornarse posible, y de ese modo pertenecerle mejor a cada uno de los lectores, protagonistas del presente y del futuro, esos dos misterios donde, además, como un abuelo venerable, habita el pasado". 
Un pasado que interesará a lectores a partir de los nueve o diez años, y que es recreado talentosamente por estas conocidas personalidades de la literatura infantil.