jueves, 24 de agosto de 2006

LITERATOS Y EXCÉNTRICOS

Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges, por Martín Hadis. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 512 páginas. (Biografías y testimonios). 

Martín Hadis, nacido en 1971, es docente, escritor e investigador universitario. Se recibió de licenciado en Sistemas y de master en Tecnología de Medios en el Media Laboratory del Massachussets Institute of Technology (MIT) y realizó estudios de literaturas germánicas y filología en la Universidad de Harvard. Sus áreas de interés abarcan el diseño de interfaces, la inteligencia artificial y la lingüística. Especialista en la obra de Jorge Luis Borges, se dedica a analizarla en su contexto histórico y cultural. Sus últimos trabajos vinculan las narraciones de Borges con las literaturas del medioevo anglosajón y escandinavo. Ha publicado artículos en medios de distintos países, entre ellos The Buenos Aires Herald (de Argentina) y El País (de España). Es asimismo coautor del libro Borges profesor, que recopila el curso completo de literatura inglesa dictado por el autor de El aleph en la Universidad de Buenos Aires. 
Hadis considera que “la historia del clan de intelectuales ingleses del que nuestro escritor desciende había caído hasta ahora en un total olvido y era –hasta para el mismo Borges- completamente desconocida. Esa omisión determinó asimismo que la enorme influencia intelectual que los mismos ancestros tuvieron sobre su obra y su formación no hubiera podido ser estudiada jamás en detalle. De igual manera, y por múltiples razones, los rasgos ingleses del temperamento de Borges, o bien han pasado inadvertidos, o bien han sido, en muchos casos, mal comprendidos. El énfasis de este libro está puesto, por lo tanto, en explorar esos territorios ignotos y llenar esos vacíos. (...) El objetivo de mi investigación fue, sin embargo, develar los orígenes literarios de Borges, y éstos proceden –como el lector podrá comprobar a continuación- de sus ancestros ingleses”. 
“El lector estará tal vez bajo la impresión de que una de las tesis de este libro es afirmar que la obra literaria de Borges resulta únicamente de su lado inglés –agrega Hadis-. Esto no es así. Afirmo, eso sí, que la vocación de escritor de Borges, así como su formación literaria en un sentido intelectual y erudito, y su cosmovisión ética y religiosa, proceden principalmente de sus ancestros Haslam. Pero la originalidad y la potencia de su obra no proceden exclusivamente de sus ancestros ingleses, sino de la confluencia de dos legados, de las múltiples perspectivas que éstos permiten, y del cosmopolitismo que fomentan, lo cual convierte a Borges en un verdadero ciudadano del mundo. En este sentido, el aporte de su linaje criollo dista de ser menor. Lejos de ello, constituye una parte fundamental de su esencia”. 
En esta obra, expone el cuantioso material que reunió en sus viajes por varios países. Partiendo de las alusiones que hizo Borges acerca de sus mayores, remonta el árbol genealógico del autor hasta llegar al siglo XVIII. Desde allí, comparando y deduciendo, explicando e invitando a comprobar lo expuesto, llega a este descendiente de ingleses y criollos que vio la luz en el Río de la Plata, sesenta años después de que su tatarabuelo dejara este mundo. Es con William Haslam, precisamente, con quien Hadis realiza la extensa comparación de la que resultan las coincidencias y las diferencias entre ambos. 
No se limita a los datos biográficos de los antepasados –lo cual ya sería fruto de un esfuerzo ingente-, sino que además analiza obras que ellos escribieron –sermones metodistas, un tratado de puericultura, una guía para el tratamiento de insanos, disertaciones, artículos periodísticos, obras literarias -, en busca de la mayor cantidad de información posible. 
Para demostrar cómo pueden aplicarse los conocimientos que expone en este libro, realiza él mismo el análisis de dos cuentos –“El jardín de senderos que se bifurcan” y “El libro de arena”-, los cuales, vistos desde esta nueva óptica, revisten otra significación. No es que la literatura necesite de la biografía para encontrar su razón de ser, sino que, sin duda, conocer datos de la vida del escritor ayuda a interpretar mejor su obra. 
“Comprendí que lo que Borges sabía acerca de su propio pasado inglés y las raíces de su vocación literaria era muy poco –afirma-, e intuí a la vez que esa poca información debía ser la punta de un largo ovillo. Decidí entonces comenzar una investigación histórica y genealógica en archivos, capillas, iglesias, museos y bibliotecas de Inglaterra. Con el tiempo, la búsqueda se extendió a otros países: Alemania, Hungría, Francia, la Argentina y los Estados Unidos. (...) éstas demandaron más de cinco años de esfuerzos, el uso de todos los recursos disponibles para el investigador, y las técnicas más avanzadas de búsqueda, indexación y análisis; todo ello sumado a una buena dosis de persistencia y –por qué no decirlo- de suerte”. 
Llama la atención al leer este libro la cantidad de material, y la prolijidad con que el mismo es expuesto, enriquecido con información acerca de la época y las circunstancias sociales, políticas y económicas. Cabe destacar asimismo el estilo del autor: la profusión de datos que vuelca en estas páginas no impide que el texto sea entretenido y atrapante. Cada uno de los antepasados es protagonista de una biografía que se lee con placer, ya que está escrita como un relato en el que confluyen la historia y los propios conceptos del biógrafo, dando amenidad a lo narrado. Varios apéndices, numerosas fotografías y la bibliografía consultada completan este volumen insoslayable. 
Es difícil ser original al referirse a Borges. Hadis lo logró. Y con creces.

sábado, 19 de agosto de 2006

LA RABINA

por Silvia Plager. Buenos Aires, Planeta, 2006. 376 pp. (Narrativa argentina) 

Un día de 1968, Esther Fainberg conoce la historia de Regina Jonas. Poco después, anuncia a su familia que va a iniciar los estudios para ser rabina. La noticia causa revuelo entre sus parientes, que la toman de diversa manera. El marido, con sarcasmo, ya que aleja a la mujer de cuanto él busca para ella: una pose adolescente, sumisión, sociedad en el estudio jurídico. “¿Otra de tus estúpidas extravagancias, Esther?”, le preguntó. El padre le dijo: “Esther, sólo lograrás hacer daño a tu comunidad, a tu familia, a tu matrimonio. Y lo que es peor, arruinarás tu vida. Ninguno de los tuyos tuvo que ser rabino para saber quién era. Les bastaban sus muertos, sus costumbres, sus comidas...”. Tampoco es bien recibida la noticia por algunos amigos y por una parte de la comunidad judía, que piensa que no está permitido que las mujeres accedan al rabinato. 
¿Qué puede llevar a Esther a tomar esa decisión? Es joven, atractiva, está casada con el heredero de un estudio jurídico de renombre, tiene dinero y la posición social que muchas envidiarían. Sin embargo, cree que su vida no tiene sentido. Ha llegado a ella la revelación; hay algo mucho más importante que lo que está viviendo. 
Esa revelación, y su aceptación, la lleva a viajar desde Nueva York, donde se encuentra radicada, hacia Israel, donde estudiará con una importante especialista en Biblia. En Israel conocerá también a su segundo marido, agobiado por una tragedia conyugal, y junto a él, iniciará una nueva vida. La tercera edad los encuentra tan enamorados como antes. 
La novela abarca décadas de la existencia de esta mujer valiente, que toma como ejemplo a la rabina Jonas, quien asistió a los fieles en un campo de concentración. Como ella, quiere consolar y confortar, y se pregunta si será capaz de hacerlo. Tiempo después, “A Regina Jonas, ordenada en Alemania cuando comenzaba el nazismo, y asesinada en Auschwitz, le dedicaba su prédica. También a sus padres, a su hermana, familiares, amigos, maestros... Pero en especial, a James Steiner, sin su amor y el de sus hijos Lucy y Dan, no habría podido llegar a ese momento. En el inicio ya había traído la presencia de los ausentes. Señaló la vela: ésta se iba a apagar, no la que llevaba encendida en su corazón”. 
Los escenarios se suceden en la obra. Desde la Argentina, los Fainberg -padre, madre, una hermana y Esther- viajan a Israel, donde vivirán poco tiempo. Desde allí, se trasladan a Nueva York, donde se establecen definitivamente. En Nueva York nace el hijo que Esther tiene con Jaim, uruguayo, y allí llevan asimismo a la hijita de él, que ha quedado huérfana de madre. 
Aunque centrada en las circunstancias por las que atraviesa Esther, la obra alude continuamente a la historia de Israel y el mundo en general. En esa historia se destacan dolorosamente las guerras, la situación en la Argentina y el Uruguay de la década del 70, el atentado a las Torres Gemelas. Plager los refleja con tristeza. 
En esta novela, que resultó finalista del Premio Planeta 2005, la escritora evoca la lucha de una joven que tuvo una meta, y que llegó a ella cuando miles de obstáculos podrían haberla disuadido; evoca, asimismo, el desarraigo de quienes ven, una y otra vez, que ya no son de esa tierra. 
Emotiva, bien documentada, escrita admirablemente, La rabina nos hace eco de las alegrías y los infortunios de los personajes, los presenta actuando coherentemente y deja en nosotros la certeza de que aún lo más difícil es posible, si realmente lo deseamos.

lunes, 14 de agosto de 2006

CARLOS SZWARCER: “UN CAMINO DIFÍCIL DE TRANSITAR”

Carlos Szwarcer es historiador y periodista. Nació en Buenos Aires, Argentina, ciudad en la que cursó la carrera de Historia en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador y el Ciclo Pedagógico en la misma Facultad. Fue conductor y productor del programa "Esta es otra Historia" en FM.88.V. López, entre 1992 y 1994; columnista invitado del bloque de Historia en el programa "El Refugio de la Cultura", AM. Radio América, en 1994 y 1995. Realizó la cobertura periodística de eventos culturales, políticos y educativos; Investigó para guiones de espectáculos y documentales, y desarrolló y seleccionó Efemérides para la producción de programas radiales. Es investigador histórico de Barrios e Instituciones de Buenos Aires, autor de artículos, ensayos, narrativa, etc. publicados en su país y el exterior, integrante del Grupo APH (Área de Protección Histórica) de Villa Crespo durante 2003y 2004. Colabora en Todo es Historia (Bs. As. Argentina) Revista Cuadernos del Tortoni (Bs. As. Argentina), Buenos Aires Cultural (Bs. As. Argentina), Revista del CECAO (Centro de Estudios Culturales: Pcia. de Córdoba (Argentina), Letras-Uruguay (Montevideo. Uruguay), Raíces (Madrid, España) y Los Muestros (Bruselas, Bélgica/ B.Hills, USA), entre otros medios.
Dictó conferencias en entidades privadas e Instituciones dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Comisión de Preservación y Promoción de Cafés Notables de la Ciudad de Buenos Aires) sobre historia de Buenos Aires; la temática de dichas conferencias está relacionada con la inmigración, costumbres, tradiciones y diversidad cultural. Participó en el emprendimiento "Patrimonio de los Barrios", de la Dirección General de Patrimonio (Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) con textos e imágenes para la definición de los Hitos Históricos Barriales incorporados como material didáctico para entidades educativas y de divulgación general. Auspiciado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos). 2003-2005. Desde 2003, coordina diversas visitas a hitos históricos barriales en el marco del emprendimiento "Los Barrios Porteños… Abren sus Puertas", organizado por Dirección General de Patrimonio Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (actual Ministerio de Cultura). 
Para conversar sobre la inmigración y otros temas, lo entrevistamos en Buenos Aires. 
-Como muchos investigadores argentinos te interesás por la inmigración a partir de una circunstancia personal, el hecho de que tu abuelo materno y tu padre hayan sido propietarios del Café Izmir ¿Cómo viviste esa situación en tu infancia? 
-En mi caso, aunque mis padres nacieron en la Argentina, mis cuatro abuelos llegaron de países muy lejanos, Ucrania y Turquía, sin duda esto debe haber marcado en mí cierta inclinación por los temas sobre inmigración. Mi abuelo fue el dueño del Café Izmir desde fines de los años ´30 hasta 1965, cuando falleció, y mi padre y un tío quedaron a cargo cuatro años, hasta 1969, momento en el que venden el fondo de comercio a una familia asturiana. Si bien el Café es todo un ícono de Villa Crespo y del Buenos Aires cosmopolita, un sitio renombrado a tal punto que fue designado Café Notable de la Ciudad de Buenos Aires, en mi infancia no tuvo el impacto que puede suponerse: mis recuerdos dentro del Izmir, de hecho muy agradables, son simplemente los de un pequeño que iba a visitar a su abuelo al lugar de trabajo; él me convidaba un yogurt o una gaseosa y yo me la pasaba jugando al fútbol entre las mesas y sillas con las chapitas de cerveza o gaseosas que estaban en el piso. Cosas de pibe que me hacían muy feliz. Pero las imágenes y vivencias del Café influyeron muchos años después cuando comencé a dedicarme a la investigación histórica y tomé conciencia de que ese sitio había sido mucho más importante de lo que suponía. 
-¿En qué momento te diste cuenta de esa importancia? 
-En la Facultad nos dieron para leer fragmentos de la novela Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal y quedé perplejo cuando me encontré, inesperadamente, con varios pasajes dedicados al Café, tomado como escenario de sorprendentes situaciones. Darme cuenta de que fue observado atentamente por este escritor que describió hechos y personajes tan particulares, me dio vuelta la cabeza, es decir, en ese momento sí comencé a tomar conciencia de que el Café Izmir, más allá de mis recuerdos de infancia, había sido algo más que el Café de mi abuelo, al que yo de tanto en tanto iba a visitar por las tardes. Vislumbré que en la gente, que en el barrio, había tenido más importancia de la que yo le había dado. A partir de ese momento comencé a indagar más detenidamente en la historia de mi familia y fue el motor para la búsqueda imperiosa de la verdadera historia de ese lugar, más allá de la ficción del Adán. 
-¿Es cierto que conservás muchos elementos del Café? 
-Sí, tal vez por ser el nieto mayor y dedicarme con pasión a la historia, mi madre me fue dando las fotos y elementos que pertenecieron al Café, vajilla, instrumentos musicales, los discos de pasta que allí se pasaban, montones de cosas. Además, antes de que lo demolieran, no sólo intenté evitar su desaparición sino que ante las topadoras, con gran esfuerzo, hice lo posible porque no se perdieran para siempre algunos restos materiales que hoy forman parte, con todo lo demás, de una colección que, seguramente, servirá para mostrar el material tangible de ese lugar tan particular y vinculado, muy especialmente, con la inmigración y la convivencia pacífica de la diversidad cultural. 
-¿Estudiaste historia para ahondar en el tema de la inmigración? 
-No, inicialmente en absoluto. Había estudiado un año de Medicina en La Plata y rápidamente percibí que aquello no era lo mío. Encontrar mi vocación me llevó a buscar información sobre arqueología, antropología. Al poco tiempo iniciaba la carrera de Historia, me orientaron a ella con el argumento de que en Argentina, con esta disciplina, tendría más perspectivas, y la encontré afín a mi tendencia humanística. Ya en las primeras clases comprendí que era lo mío. Mi impulso inicial fue entender el complejo presente y sabía que para éso tenía que conocer el pasado. Quería tener respuestas sobre los comienzos de la humanidad. Luego me encontré con las herramientas para indagar sobre los vericuetos de mis orígenes, es decir, sentí que estaba en el camino correcto para hallar el hilo conductor entre mis ancestros y el contexto en el que llegaron a la Argentina. Además, el haber vivido mi infancia en un inquilinato de la calle Padilla, en Villa Crespo, el contacto con tanos, gallegos, “rusos”, “turcos”…, la verdad que parecía un sainete, esas cosas te marcan. Recuerdo las fiestas de cada colectividad, nos reuníamos todos en el gran patio sin importar demasiado qué se festejaba, compartíamos. Era otra época, ni mejor ni peor, distinta. Aunque no podemos decir que no se armara alguna batalla, algún desaguisado entre tanta gente junta, claro, la perfección no existe ni existirá, pero siento un dejo de nostalgia por esa convivencia, por la solidaridad que existía… era un valor muy importante. 
-Entonces buscaste darle sustento científico a tus vivencias 
-Ciertamente, aquello inicial estaba presente embrionariamente, y después latente en los estudios en la Universidad, pero lo que me condujo a los temas relacionados con la inmigración, a ahondar en ellos, verdaderamente, fueron situaciones de comienzos de los años 90 cuando falleció mi padre y al poco tiempo una hermana de mi abuelo. Tal vez ésto me llevó a la puerta del Café Izmir. Hacía muchísimos años que no pasaba por allí. Vaya a saber qué fui a buscar, pero comencé a recopilar desesperadamente testimonios de vecinos, de habitués, de hijos de habitués. Seguramente quise, en parte, encontrarme otra vez con el Café Izmir de mi infancia y la realidad es que en cada informante encontré un mundo. La gente mayor que me abría sus puertas para contarme sobre el barrio y el Izmir me llevaba, inevitablemente, a la inmigración, eran relatos de inmigrantes. Fueron años de mucha investigación en fuentes y de dedicación a la historia oral. Fue el comienzo de mi pasión por esta temática. Las decenas de testimonios me dieron un material riquísimo en vivencias y anécdotas que suelen formar parte de mis artículos, ensayos y sobre todo de mi narrativa. 
-En las visitas que guiás para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, difundís estos temas. ¿Cuándo comenzaste con esta actividad? 
-En el año 2003 me convocó a dar una charla el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirección de Patrimonio de la entonces Secretaría de Cultura para participar del asesoramiento sobre Hitos Históricos para los Desplegables Didácticos Barriales, primeramente sobre Villa Crespo y más tarde otros barrios. Luego, me invitaron como coordinador de algunas visitas en el Emprendimiento “Los Barrios Porteños Abren sus Puertas”, así participé desde entonces en Villa Crespo, Balvanera, Colegiales, San Nicolás. Ya van cuatro años. Generalmente las visitas se relacionan con lugares que de una u otra manera están vinculados a la inmigración: el Café Izmir, el recorrido por la Calle Gurruchaga, El Conventillo de la Paloma, el tango, teatros, templos, comunidades… 
-¿Qué significa para vos poder escribir sobre la inmigración argentina en medios del exterior? 
-Desde luego que mucho porque, como vos sabés, el investigador termina su prolongado y arduo trabajo recién cuando da a conocer el resultado del mismo. Pero que escribiendo sobre Argentina, particularmente sobre Buenos Aires, se interesen en mi material publicaciones importantes de España, Bélgica, Estados Unidos, etc., que divulguen estas historias tan nuestras en medios tan lejanos, indudablemente, me pone muy contento, aunque te diré que, a veces, uno se sorprende que le den más trascendencia afuera. 
-Otros de tus puntos de interés son el Café Tortoni y el Museo del Tango, también relacionados con la inmigración. ¿Desde qué punto de vista te aproximás a estos temas? 
-La revista “Todo es Historia”, en el 2002, publica mi artículo “El Café Izmir”. Menciono allí que Alejandro Rafael Alboger, mi abuelo materno, fue lustrabotas y luego mozo y mêtre del Café Tortoni hasta hacerse cargo del Izmir, dejándole el lugar a mi tío abuelo Yaco, el que con el tiempo termina siendo accionista del Café de Avda de Mayo. En el 2003 Roberto Fanego, uno de los dueños del Tortoni, leyó aquel artículo y decidió dedicar la Revista “Cuaderno del Tortoni” Nº 9 a los dos Cafés, solicitándome que la escribiera. Así surge “El Tortoni y el Izmir – un nexo para la historia”. Obviamente, además de Marechal, esos dos hermanos Alboger, judeo-sefaradíes, provenientes de Turquía, tienen que ver y mucho con la inmigración y con los dos Cafés. El material se presentó en Abril de 2003 en la Bodega del Café, la Sala Quinquela Martín, con el auspicio de la Secretaría de Cultura y la Comisión de Bares Notables de la Ciudad. En cuanto al Museo Mundial del Tango… cubrí su inauguración para un medio del interior y además ese día tan especial se entregaba al público presente un tríptico con fragmentos de mi artículo “Gardel y el Tortoni”, basado en mi investigación sobre la presentación en el Café del Morocho del Abasto en una recepción a Luigi Pirandello… 
-También Gardel en tus investigaciones… 
-¿Sabés qué pasa? el tango es parte de Buenos Aires y aunque soy de la época del rock el tango también me llega, lo escuchaban y bailaban mis viejos. Soy porteño hasta la médula y además me pusieron de nombre Carlos por Gardel, mi vieja era fanática de él. En el 2004, el 11 de diciembre, Día del Tango, se hizo una exposición en el Museo de la Casa de Carlos Gardel y allí un sector fue dedicado a la muestra Carlos Gardel y el Café Tortoni, con elementos del Café de principios del siglo XX y textos míos. Fue un momento muy emocionante. 
-¿Y el interés por el Teatro Maipo? Parece un tema muy distinto de los anteriormente mencionados. 
-En cierta forma, la inmigración también tuvo mucho que ver con el desarrollo del teatro en Buenos Aires. Pero lo del Maipo fue inesperado, un trabajo de investigación encargado. En Agosto de 1994 se produjo la reapertura del teatro por parte de Lino Patalano y Julio Boca. Un tiempo antes recibí el llamado telefónico de la productora de cine y televisión Clara Zappettini para ofrecerme la investigación sobre la historia de los inicios de esa sala de espectáculos. Dado el escaso tiempo formé un pequeño grupo y nos pusimos a trabajar a full. Fue una experiencia muy interesante porque gran parte de lo relevado no se conocía y sirvió para realizar un documental llamado “Raconto del Teatro Maipo” y para la base de los textos del guión del espectáculo en el que, el 22 de Agosto de ese año, participaron Sandro, Gasalla, Tania y otros. A partir de ese trabajo me interesé en el Scala y el Esmeralda, los dos teatros que estuvieron en el mismo predio que el Maipo, y profundicé aquellos primeros enfoques. En el año 2004 “Todo es Historia” publica “Prehistoria del Teatro Maipo”, donde recorro el camino desde la zarzuela en España, los orígenes del teatro de Revista, la actividad del Scala, del Esmeralda y llego a 1922, cuando comienza a funcionar el teatro, efectivamente, con el nombre actual. 
-¿En qué trabajás actualmente? 
-Soy bastante obsesivo y perfeccionista pero al mismo tiempo anárquico, mejor no mires mi escritorio, pero normalmente tengo un trabajo adelantado, digamos central, sobre el que me dedico a full mientras mantengo abiertas investigaciones laterales y escritos que sigo puliendo hasta terminarlos. Actualmente estoy redondeando relatos sobre los sefaradíes en Buenos Aires para publicar en próximos meses; una investigación sobre Milagros de la Vega y también comencé a tomar testimonios para relevar datos y dar a conocer historias y anécdotas sobre un par de cafés de Buenos Aires. En fin… quizás el tema que hace un par de años me desvela es la realización de una exposición sobre inmigración a partir de los materiales del Café Izmir. Me perturba mirar hacia atrás y ver que en los últimos diez años fallecieron más de la mitad de las personas de edad, de nuestros mayores, aquellos que me brindaron oportunamente su testimonio de vida, y que sus vivencias sirvieron para rescatar de un olvido seguro parte de sus tradiciones, de nuestros orígenes, de nuestra forma de ser. 
-Se te ve muy comprometido con la preservación… 
-Es que hay tanto para hacer, para sacar a la luz, historias todavía desconocidas que son parte de nuestra identidad y que se perderán si no tomamos testimonios, si no escuchamos esas voces, si no recuperamos esos recuerdos. Estos hechos de la realidad me movilizan para buscar una salida, una respuesta al problema de la preservación de nuestro patrimonio cultural, no es suficiente lo que se hace. Últimamente, algunos escollos me motivaron a poner en marcha la organización de una estructura que sea espacio de encuentro de interesados en proteger, contar, divulgar estos temas, alentar las iniciativas, tal vez por medio de una Fundación u otro mecanismo acorde a estas necesidades. Es importante lograr recursos que financien proyectos de investigación y publicación sobre inmigración y diversidad cultural. Es un camino difícil de transitar pero creo que vale la pena intentarlo. 

(LETRAS-URUGUAY, Montevideo, 2006)