domingo, 21 de octubre de 2001

DOLORATAS

por Marcos Silber y Carlos Levy. Ediciones del Canto Rodado. Editorial Mila, 2001. 63 pags. 

Este libro esta integrado por dos partes, escritas por sendos autores, de las que comentaremos algunos fragmentos. 
Marcos Silber -cuya participacion en las Jornadas de Poesia de la Biblioteca Ronco anuncia El Tiempo, en su edicion del 16 de septiembre-, ha recibido numerosas distinciones, entre las que se cuentan el Primer Premio en Mérida (España) y el Primer Premio Casa de la Amistad Argentino-Cubana. Es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos y miembro Honorable de la SADE. 
Carlos Levy, por su parte, es autor de varios libros, fue Director de la Biblioteca Publica General San Martin y actualmente investiga el ladino y la cultura sefardi. En 1997 recibio el Premio Reconocimiento a su Labor otorgado por el Gobierno de Mendoza. 
El tema central del volumen ha sido destacado por Alicia Steimberg: "Esta hermosa muestra de la obra de Marcos Silber y Carlos Levy no es en absoluto una indagacion sobre que es ser un judio argentino, o un argentino judio, uno de los cuales es asquenazi y el otro sefardí Pero ellos, como poetas, como escritores de ficcion, tal vez se acerquen mas a una buena respuesta que los que abordan el tema desde un punto de vista racional". 
"Los ojos de la noche", de Marcos Silber, es una "cantata para relator, mezzo-soprano y coro de niños", en la que el escritor evoca la realidad de la década del 40 vista a traves de los ojos de un narrador de corta edad. Dedica estas paginas " A Federico, en memoria de los desvastados, desconocidos abuelos de su abuelo". El adjetivo que usa para calificar a sus antepasados es de suyo ilustrativo. "Desvastados"; esa es la palabra que resume el sentimiento de este hombre ante su pueblo, agobiado por un genocidio que desde la Argentina observan impotentes quienes emigraron. La angustia y la desolacion son presentadas por medio de imagenes de los adultos, a los que el niño comprende desde su infinita sabiduria: " Mama llorándole toda la cabeza al pequeño. Regándole/ el sueño, todo el juego. Mama que regresa con papeles./ Cartas, papeles de adios y tormento. Avisos de nuevos/ silencios. 1940". 
Cinco años mas tarde, en "Candelabros", el hijo percibe una situacion distinta, resultante de la anterior: "Mama ya no llora./ Pero una nube de pesar/ se acostó en su frente para siempre,/ y una campana de silencio para siempre/ descendio a los fondos de su boca". Uno de los poemas mas tristes es "Preguntas a la hora de la siesta o el Kadish que no cesa", que dedica a su abuela que quedo en Kiev cuando ellos emigraron. Allí, el escritor se pregunta: "tejia la abuela?/ Me l1evo a su vigilia?/ En su recuerdo de futuro me vio? / Me puso a jugar en su cuento?/ Entre que lanas me protegio? / Cuando se desprendio de mi mano?". 
"EI Judío que soñaba España" es el titulo de la obra que Carlos Levy dedica a sus abuelos. En el poema homónimo, el horror es evocado en el "brazo numerado en la cifra de Dachau", bajo el cual "lleva / dos libros el viejo judio. Un atlas, / viejo de la antigua patria / y una casi tan vieja/ antologia de poemas ignotos". 
En "18 dejulio de 1998", poema escrito a cuatro años del atentado de la AMIA, expresa el dolor que lo hermana con otros oprimidos: " Se ha transformado de nuevo nuevamente mi pacifico/ cafe en un corrillo del terror,/ y veo como mi nombre, los viejos nombres de la vieja Biblia/ se arriman para abrazarse en muerte con Hernandez,/ Fernandez,/ Abdala/ Marinetti Buttini Di Taranto Da Souza Van der Heussen/ y creo que ya olvido a Homero con sus hombres / pajarosy barcos,/ porque de nuevo nuevamente ya recuerdo Treblinka/ Dacha/ Auschwitz/ Bosnia Viet-Nam Corea, Ruanda, los humillados/ apartados y victimas de siempre/ los parias menesterosos y olvidados/ los niños de la calle en Rio esperando el escuadron de la muerte/ mientras flota la pregunta inutil del por qué/ cada vez que comienza un nuevo día”. 
La esperanza aparece en el poema titulado "Lejaim", en el que recuerda a los inmigrantes y su duro destino: "Bebere el trago mas largo y dire lejaim por aquellos que estan lejos de su pueblo/ y derraman una lagrima por ello,/ porque canten ellos su canción de amor esta noche/ y no se sientan extranjeros en mi mesa / lejaim, lejaim por el corazón del hombre/ y los hombres que hablan el idioma de ese corazon". 
"Dolores y alegrias, recuerdos que no se sabe si son autenticos (¿que es, de todos modos, un recuerdo autentico?), la amargura del chivoemisario secular, la alegria por el reconocimiento y la participacion en estos esforzados menesteres literarios, bien justifican el brindis del final", considera Alicia Steimberg; el brindis que todos -judios o no- hacemos, especialmente en este momento, por la paz de la tierra. 

(EL TIEMPO, Azul, 21 de octubre de 2001)

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