viernes, 1 de diciembre de 2000

Poemas sin mención de origen

En Fausto (1866), de Estanislao del Campo, el gaucho que protagoniza la obra culpa a un gringo por el hurto de su puñal:

En Un gaucho en Rotary (2), obra recitada por Roberto Gorostiaga en 1952, dice el protagonista:

Por cierto que al ver aqueyo
que eran cosas de mi pago,
ya me dentró gran halago
y me degolvió el resueyo.
No así la gente con cueyo
y empilchaos de circunstancia,
como el patrón de mi estancia
cuando baja a la ciudá.
Había crioyos de verdá
y gringos en abundancia.

En “Llanto por un niño exilado” (3), escribe Germán Berdiales: 

El tipo, el modo, el traje 
y ¡ay!, sobre todo, algo 
-de que quiero aliviarme 
llorándolo al cantarlo-, 
su condición decía 
de pequeño exilado: 
-yo no sé si sajón, 
yo no sé si germano, 
yo no sé si judío, 
yo no sé si cristiano-, 
una manga, la izquierda, 
vacía a medio brazo.

Enrique Novick describe, en “Balada para un padre ausente” (5), el efecto que la música de su tierra tenía en el padre enfermo de Alzheimer: 

Cuando le 
cantaba, 
próximo 
a su lecho, 
canciones 
antiguas, 
sin nombre 
ni dueño, 
que hablan 
de una aldea 
con hornos 
de piedra, 
cerca de las 
casas, 
sus pisos 
de tierra,

Mónica Sifrim (6) escribe: 

No señor. En mis antepasados no hay diabéticos, hipertensos, 
cardíacos ¿Cómo explicarle? De cada diez antepasados míos, 
uno moría en las revoluciones, otro en las cámaras de gas 
y cuatro o cinco de melancolía. 
Ya sé que no se heredan tales males. La mandrágora deja 
ese letargo de naranjas agrias. Luego talco, y a mover los 
genes fresquecitos. 
Pero cuando llegan oleajes de dolor oleajes de dolor oleajes 
se descubre un vago parecido: ¡Mire qué bonita! 
Mete el brazo en el horno como lo hacía su tatarabuela.

En “Los ojos de la noche” (7), poema de Marcos Silber, se evoca la amargura de los que, en la nueva tierra, sabían que los suyos eran víctimas de la persecución. Desde la Argentina, quienes emigraron observan impotentes el genocidio. La angustia y la desolación son presentadas por medio de imágenes de los adultos, a los que un niño comprende desde su infinita sabiduría: 

Mamá llorándole toda la cabeza al pequeño. Regándole 
el sueño, todo el juego. Mamá que regresa con papeles. 
Cartas, papeles de adiós y tormento. Avisos de nuevos 
silencios. 1940.

Notas 
1. Campo, Estanislao del:
2. Gorostiaga, Roberto: Un gaucho en Rotary. Ilustraciones de Estela Luro de Gorostiaga. Buenos Aires, 1990. 5° edición.
3. Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1957. Citado por Sylvia Oyenard de Puentes en “Un viaje al corazón de América latina”, 2006. 
4. Guevara, Osvaldo: La sangre en armas
5. Novick, Enrique: “Balada para un padre ausente”, en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999. 
6. Sifrim, Mónica: “XXXI”, en Novela familiar. Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1990. Pág. 27. 
7. Silber, Marcos: “Los ojos de la noche”, en Doloratas. Buenos Aires, Milá, 2001. (libro compartido con Carlos Levy).

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