jueves, 16 de noviembre de 2000

Poemas con españoles

Andaluces

En su poema “En el patio” (1), Evaristo Carriego elogia a una inmigrante andaluza: 

Me gusta verte así, bajo la parra, 
resguardada del sol de mediodía, 
risueñamente audaz, gentil, bizarra, 
como una evocación de Andalucía. 

Con olor a salud en tu belleza, 
que envuelves en exóticos vestidos, 
roja de clavelones la cabeza 
y leyendo novelas de bandidos.

Notas 
1 Carriego, Evaristo: “En el patio”, fragmento incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigación): La gran inmigración. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edición. 226 páginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pág. 53. 
2 García, José Antonio Jesús: Mi manera de decir III. Buenos Aires, 2009.
3 García, José Antonio Jesús: Mi manera de decir IV. Buenos Aires, 2010.

Asturianos

En “Los pájaros ciegos” (1), escribe José Portogalo: 

Junto a un charco de sangre estaba yo, 
Juan Pérez, asturiano, profesión panadero, 
veinte años de Argentina, con tres hijos, 
un río de esperanza entre mis manos, 
el corazón del mundo en mi garganta 
y una copla en mi pecho. 

La primavera, ciega, se amontonó en mi sangre. 
Desde entonces mi copla perdura entre los pájaros.

Notas 
1 Portogalo, José: “Los pájaros ciegos” (Fragmento), en Portogalo, José: Los pájaros ciegos y otros poemas. Selección: José Portogalo. Prólogo: Josefina Mercado Longhi. Buenos Aires, CEAL, 1982. Pág. 72. (Capítulo, Vol. 132). 
2 Jorgi, Sebastián: Historietangos de Morbochos y Froicidas. Buenos Aires, Ediciones Muestrario, 2009. (Poesía Argentina). 88 páginas.

Cántabros

A su abuela española canta Baldomero Fernández Moreno, en “Inicial de oro” (1):

Nací, hermanos, en esta dulce tierra argentina, 
pero el primer recuerdo nítido de mi infancia 
es éste: una mañana de oro y de neblina, 
un camino muy blanco y una calesa rancia. 

Luego un portal oscuro de caduca arrogancia 
y una abuelita toda temblona y pueblerina, 
que me deja en la cara una agreste fragancia 
y me dice: -¡El mi nieto, que caruca más fina!-

En "Viejo Café Tortoni", soneto de 1925, habla a su padre: 

¡Cuántas veces, oh padre, habrás venido 
de tus graves negocios fatigado, 
a fumar un habano perfumado 
y a jugar el tresillo consabido!

Notas 
1 Fernández Moreno, Baldomero: “Inicial de oro”, en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957.

Castellanos

En “Regreso” (1), Rubén Benítez canta a su madre española: 

Naciste con silencio 
de abismo 
en tu costado 
y cuando te mecía 
velaba ya en tu piel la indiferencia. 
Tu cuna ya era un barco 
de mares demorados 
y de ausencias. 

Pobre madre, 
portaba en su mirada 
distante y abatida 
la luz del desencanto 
triste flor de su tierra prometida.

Notas 
1 Benítez, Rubén: “Regreso”, en La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de septiembre de 1998.

Gallegos

Dice Vacarezza en un conocido soneto (1):

La escena representa un conventillo.
Personajes: un grébano amarrete,
un gallego que en todo se entromete,
dos guapos, una paica y un vivillo.

En “El espiante” (2), escribe Bartolomé R. Aprile:

Se junaban con bronca las viejabas
-gaitas tolas, cabreras por un cuento-
y se fajaban a lo potro biabas
al lado ‘e la pileta del convento

En el poema “Cuando mi padre habló de su infancia” (3), José González Carbalho enumera las posesiones que el niño inmigrante tenía en Galicia: un río, un monte, un horizonte, su perro y sus canciones. En América, ya nada tiene de eso, y se lamenta: 

Ay, el dueño de valles
y misteriosos bosques
por el que andaba yo
mi perro y mis canciones.
Mis canciones que vuelven
sólo para que llore.
Mi perro ya olvidado
de obedecer al nombre.
Yo, que perdí mis cielos,
¡y soy tan pobre!

Francisco Luis Bernárdez llora a su madre gallega (4):

Nuestras pequeñas bicicletas iban por aquella carretera de España.
Detrás quedaba Carballino, con sus casas envueltas por la madrugada.
Dejando mi corazón mucho más a obscuras, el amanecer despuntaba.
¿Era posible que pudiera venir, como todos los días, la mañana?
El silencio de mis hermanos era el eco de la soledad de sus almas.
Yo sentía sobre mis hombros algo parecido al peso de una montaña.
El paisaje abría los ojos como si no se hubiera enterado de nada.
Nunca olvidaré que en el monte de Corzos había un ruiseñor que cantaba.
Al llegar a Dacón oímos el nombre querido en la voz de la campana.
Mamá y el mundo habían muerto para siempre y sólo aquella voz los lloraba.

Enrique Larreta canta, en “Las criadas y el niño” (5), a las domésticas españolas:

Que otros digan de escuelas y de universidades.
Yo canto el cuarto aquel de plancha y de costura
y sus buenas mujeres. ¡Galicia! ¡Extremadura!
y las que me enseñaban a palmear soledades.

En su poema “En el día de la recolección de los frutos” (6), Alfredo Bufano homenajea a la inmigración española:

¡Salud, nietos sin mengua de Francisco Pizarro
y de Ruy Díaz de Vivar;
hijosdalgo de Avila de los Caballeros,
sudorosos hacheros de Ontoria del Pinar,
labriegos de las rudas mesetas castellanas,
pescadores galaicos de las rías y el mar,
hortelanos de Murcia, vascos roblizos, fuertes
extremeños: ¡larga gloria tengáis
todos vosotros, hijos de las viejas Españas,
hombres de eterna y recia y heroica mocedad,
en cuyas venas corre la misma sangre nuestra
y cuyas bocas se abren con nuestro mismo hablar!

A sus abuelas, inhumadas en tierra americana, canta Ricardo Adúriz (7):

Dulces abuelas trashumadas
desde estos cielos
a aquellos cementerios.
Que vuestros nombres, en medio del océano
de sombra, sajados vivos de la noche larga,
os devuelvan la luz de un tiempo suave
en Freas de Eiras –tierra de Galicia-y en el Madrid de fin de siglo.

En “Tríptico a Galicia” (8), Enrique Urbina García canta la nostalgia del inmigrante de esa región: 

Y aquel que por Vigo, apabulló su sombra;
en su misterio –pompas de luna- ocultará olvido
y por las vides de Galicia como raíz sangrante
tendrá su mente endulzando retornos válidos.
(...)
Todo el que con un gallego trata, alcanza
sólo un poco lo que el corazón de ese hombre
desparrama, porque el amor, vive en su España.

Carlos Penelas es el autor del poema “Los trasterrados” (9), que dedica a sus abuelos Pedro Penelas y Tomás Abad. En él dice:

Se ocupaban de las cosas comunes:
del trabajo, del pan, de los hijos.
No expresaron fatiga ni dolor. Morían en silencio.
Llevaban en la sangre
el honor, la palabra, la brisca.
Bebían vino tinto. No reclamaron nada.
Caminaban el tiempo de otro tiempo.

Manuel Castro Cambeiro y Eliseo Mauas Pinto son los autores de Legado Celta. En el poema “Soy el llamado ancestral” (10), incluido en ese libro, expresan:

Son a voz que pradica, incansabele
antre os do meu pobo
lonxe da terra,
a qu’os exhorta
a non anuzar de si mesmos.

“De España” fue uno de los tres poemas que presenté en 1994 en el Concurso Literario convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Buenos Aires, Categoría Familiares de Profesionales. Esos poemas fueron distinguidos con el Segundo Premio, por el Jurado que integraron María Angélica Bosco, Nicolás Cócaro y Eduardo Gudiño Kieffer. Transcribo el fragmento referido a Galicia:

Rosalía, triste,
junto a la ventana,
escribe al amor
de la antigua llama.

Hermosa y doliente,
la tierra gallega,
crece entre sus manos,
libre, sin fronteras.

“El señor Santiago” (11) se titula uno de los poemas de tema gallego de María Rosa Lojo: “Por todos los caminos -te han dicho- se llega a Santiago. Pero las brujas siempre llegan antes, montadas en antiguas escobas de toxo y cubiertas con el sombrero redondo de las campesinas. El Apóstol las espera encaramado en el Pórtico de la Gloria y en la Quintana Dos Mortos, y sentado en el altar mayor y acostado en la urna de su sepultura, y ofrecido como una estatuita de piedra molida en las mesas de recuerdos turísticos, y pintado en las marquesinas de los restaurantes”.

En Sola en el paraíso, Cati Castaño incluye varios poemas relacionados con la inmigración de sus mayores

En su poema “Madre gallega” (12), Ricardo Ares escribe:

Madre gallega,
Pestañas como arcos de ceniza
Sobre ojos de pájaro en vuelo,

(...)
Noche infinita
encastrada en la singer,
bajo la parra encendida de enero
viajabas a Lugo,
montada en tu infancia
y te perdías...

Manuel Conde González, pontevedrés que emigró a la Argentina en 1949, es el autor del “Poema al emigrante universal” (13), que comienza con estos versos:

Con el corazón transido
rebosante de ilusión
sale el emigrante un día
a tierras de promisión.

Deja la patria a su espalda
tal vez, su primer amor
la madre queda llorando
el padre con su dolor.

En abril de 2007, dos poemas de Héctor Pedro Rodríguez fueron distinguidos con una Mención Especial en el Concurso de Cuento y Poesía "Homenaje a la poetisa Rosalía de Castro", convocado por el Centro Cultural Rosalía de Castro. Uno de ellos, titulado "El abuelo", es el que transcribo parcialmente:

Mi abuelo en su morada,
desafiando nostalgias
realiza el inventario 
de sus cosas preciadas...
La pala, el azadon, 
la fragua ya apagada, 
de plata aquel doblon 
que fue de otras Españas, 
la imagen de la abuela
tan cerca y tan lejana, 
y el viejo crucifijo, 
la gaita sin palabras...

En 2008, mi poema "Mi abuelo" (14) fue distinguido con el 3er. Premio Categoría Familiares de Matriculados, en el Concurso Literario del Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Integraron el Jurado Paula Margules, Horacio Semeraro y Fernando Sánchez Sorondo.
Así comienza:

Dos patrias 
tuvo mi abuelo.
Una,
la de la cuna.
Otra,
la de la tumba.

En “Elegía de la propia muerte” (15), José Manuel López Gómez evoca a su abuela gallega: 

Llueve.
Mi abuela -orensana ella- decía que llovía
Cada vez que los muertos lloraban.
Lágrimas de muertos no son lágrimas de vivos, repetía.

Notas
1 Vacarezza, : “Un sainete en un soneto”, en Cantos de la vida y de la tierra. 1944.
2 Aprile, Bartolomé R.: “El espiante”, citado en Páez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.
3 González Carbalho, José: “Cuando mi padre habló de su infancia”, en Requeni, Antonio: Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho. Separata del Boletín Galego de Literatura.
4 Bernárdez, Francisco Luis: “Poema de las cuatro fechas”, en Cielo de tierra. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1948. Ilustraciones de Horacio Butler.
5 Larreta, Enrique: “Las criadas y el niño”, en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957.
6 Bufano, Alfredo: “En el día de la recolección de los frutos”, en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.
7 Adúriz, Ricardo: Torre del homenaje. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979.
8 Urbina García, Eugenio: “Tríptico a Galicia”, en La Capital, Mar del Plata, 28 de febrero de 1999.
9 Penelas, Carlos: “Los trasterrados”, en El mirador de Espenuca. Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1995.
10 Castro, Manuel, y Mauas Pinto, Eliseo: Legado Celta. 1993.
11 Lojo, María Rosa: “El señor Santiago”, en Esperan la mañana verde. Buenos Aires, El Francotirador, 1998.
12 Ares, Ricardo: “Madre Gallega”, en El Barrio Villa Pueyrredón, Año VI, Septiembre 2004, N° 65.
13 Conde González, Manuel: “Poema al emigrante universal”, leído en “Gente de buena pasta”, Radio Cultura FM 97.9, el 17 de agosto de 2005.
14 http://antologiainmigranteargentina. blog.arnet.com.ar, 2008
15 http://blogs.monografias.com/esquizofrenia/2009/01/31/les-presento-mi-poesia-elegia-de-la-propia-muerte/ 
López Santos, Francisco: Memorias de un rostro en la escotilla. Buenos Aires, Editorial Almaluz, 2009.

Madrileños

María de la Fe Alvarez

Vascos

En Martín Fierro (1), de José Hernández, aparece el vasco pulpero: 

Se tiró al suelo; al dentrar 
le dio un empellón a un vasco 
y me alargó un medio frasco 
diciendo: «Beba, cuñao». 
«Por su hermana», contesté, 
«que por la mía no hay cuidao». 

Fernando Sorrentino alude al inmigrante, analizando otra cuestión:”¿Cómo debe interpretarse esta magnífica escena literaria, de vividez cinematográfica? La actitud insolente del gaucho, con su entrada ampulosa de meter el caballo hasta casi dentro del boliche, darle un empujón a uno —el consabido vasco pulpero— de los dueños del local, etcétera, sirve de contexto para que la palabra cuñado, que solía tener un matiz afectuoso, se cargue de agresividad” (2).

Leopoldo Lugones, en la “Oda a los ganados y las mieses” (3), canta al vasco: 

¡Oh alegre vasco matinal, que hacía 
Con su jamelgo hirsuto y con su boina 
La entrada del suburbio adormecido 
Bajo la aguda escarcha de la aurora! 
Repicaba en los tarros abollados 
Su eclógico pregón de leche gorda, 
Y con su rizo de humo iba la pipa 
Temprana, bailándole en la boca, 
Mezclada a la quejumbre del zorzico 
que gemía una ausencia de zampoñas. 
Su cuarta liberal tenía llapa, 
Y su mano leal y generosa, 
Prorrogaba la cuenta de los pobres 
Marcando tarjas en sus puertas toscas.

Guillermo Etchebehere es el autor de "Mis abuelos vascos" (4), poema que transcribo parcialmente:

Vinieron de muy lejos.
De más allá del mar. De las regiones
donde fueron paridas las montañas.
Vinieron escapando de la piedra,
buscando tierras anchas
con su secreta brújula de sueños.
Ellos necesitaban
una tierra más simple y menos dura
para sembrar la casa.
Tierra limpia de cercos, tierra abierta,
para poder mirar por las ventanas
el lejano horizonte donde nace
desnuda, la esperanza;
y seguir con los ojos,
desde el patio familiar de la calma
el irse silencioso
de todo lo que muere y lo que pasa.

De María Cristina Azcona es el poema "Vasco argentino" (5), que dice:

El agro se esfera, esmeralda del agro...
en los ojos preclaros del abuelo vasco.

La boina está al sesgo, las cejas son pueblo,
las ideas son rectas planeando milagros.

Notas 
1. Hernández, José: Martín Fierro. Buenos Aires, CEAL, 1980. 
2. Sorrentino, Fernando: “El trujamán Por su hermana»:no confundir una burla con un brindis (II)”, Centro Virtual Cervantes, 29 de diciembre de 2004. 
3. Lugones, Leopoldo: “Oda a los ganados y las mieses”, en Antología poética. Buenos Aires, Espasa, 1965. 
4. Etchebehere, Guillermo: "Mis abuelos vascos", en La semilla del viento (1947). Poema enviado por Juan Manuel Rizzi.
5. Azcona, María Cristina: "Vasco argentino", en Dos talles menos de cerebro.

Sefaradíes

En “Imagino” (1), Luis León evoca un exilio de siglos: 
Un pueblo entero partido en muchos pueblos, soltado como palomas en alta mar, ante la incertidumbre de hallar una isla donde detenerse. 
Así el pueblo sefaradí se hizo varios y a la vez continuó siendo uno. Misterio ejemplificador el de los judíos españoles: Holanda por acá, regiones otomanas por allá, Marruecos por el otro lado. Muchos pueblos con una sola lengua...permanecieron un solo pueblo. 
Largo deambular y una agonía que quizá, duraría más de quinientos años, o a lo mejor sólo las pocas horas que tardaron en renovar la ilusión de revivir en otra tierra, hacer suyos los nuevos vecinos, conocer palabras de los otros, para regar la propia lengua.

Notas 
1 León, Luis: “Imagino”, en Sefaraires, N° 33, enero de 2005.

Varios

Enrique Larreta canta, en “Las criadas y el niño” (1), a las domésticas españolas: 

Que otros digan de escuelas y de universidades. 
Yo canto el cuarto aquel de plancha y de costura 
y sus buenas mujeres. ¡Galicia! ¡Extremadura! 
y las que me enseñaban a palmear soledades. 

España de las tierras y no de las ciudades. 
También las castellanas de grave catadura. 
La blanca, la trigueña; la moza, la madura. 
De todas las pellejas, de todas las edades.

En su poema “En el día de la recolección de los frutos” (2), Alfredo Bufano homenajea a la inmigración española: 

¡Salud, nietos sin mengua de Francisco Pizarro 
y de Ruy Díaz de Vivar; 
hijosdalgo de Avila de los Caballeros, 
sudorosos hacheros de Ontoria del Pinar, 
labriegos de las rudas mesetas castellanas, 
pescadores galaicos de las rías y el mar, 
hortelanos de Murcia, vascos roblizos, fuertes 
extremeños: ¡larga gloria tengáis 
todos vosotros, hijos de las viejas Españas, 
hombres de eterna y recia y heroica mocedad, 
en cuyas venas corre la misma sangre nuestra 
y cuyas bocas se abren con nuestro mismo hablar!

Leonie J. Fournier (3) evoca a los hispanos en un poema acerca de la Avenida de Mayo: 

La Avenida donde están 
Las agencias del lotero, 
Los hoteles, los cafés 
Donde nunca van de acuerdo 
Los que discuten ‘sus cosas’, 
andaluces, madrileños 
que la Avenida de Mayo 
es como la casa de ellos.

A sus abuelas, inhumadas en tierra americana, canta Ricardo Adúriz en “Los rostros del olvido” (4): 

Dulces abuelas trashumadas 
desde estos cielos 
a aquellos cementerios. 
Que vuestros nombres, en medio del océano 
de sombra, sajados vivos de la noche larga, 
os devuelvan la luz de un tiempo suave 
en Freas de Eiras –tierra de Galicia- 
y en el Madrid de fin de siglo. 

Vuestras son estas últimas luciérnagas, 
fragmentos puros de un espejo roto, 
donde brillan los rostros del olvido.

Silvia Isjaqui Sereno es la autora de “Madre Patria” (5), poema en el que recuerda a sus abuelos: 

Un abuelo catalán 
El otro de sangre euskera 
Otros, moros perseguidos 
Y devueltos a sus tierras 
¡Ay mis abuelos dormidos 
En otras tumbas de América 
Pensando un día volver 
Pero ese día no llega 

¡Ay que profundo dolor 
Caminar por otras sendas! 
Uno huyó por ser carlista 
El otro por la miseria 
Y al resto lo fue llevando 
de un lado a otro la guerra

Notas 
1 Larreta, Enrique: “Las criadas y el niño”, en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 
2 Bufano, Alfredo: “En el día de la recolección de los frutos”, en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín. 
3 Adúriz, Ricardo: Torre del homenaje. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979. 
4 Fournier, Leonie J.: “Mi Argentina”, incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigación): La gran inmigración. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edición. 226 páginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pág. 48. 
5 Isjaqui Sereno, Silvia: “Madre Patria”, en SEFARAires Nª 50, Junio de 2006.

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