lunes, 6 de noviembre de 2000

Cuentos con suizos

Víctor Juan Guillot, en “Un hombre”, evoca a “Morand, el suizo Morand, tirador infalible, que arrojaba al aire una caja de fósforos y la incendiaba de un tiro de revólver; de él sabíase que más de una vez hiciera blanco sobre cosa seria que una caja de fósforos” (1).
En el cuento "En la Hostería del Alemán", de María Laura Amuchástegui, relata el alemán: 
"-No sé si habrá leído en el diario de la capital que dos suizos de por acá, que vivían en un lugar alejado, de una manera bastante primitiva, fueron masacrados por un peón. 
Parece que era gente que estaba muy bien en su país, eran empresarios o algo así, y un mal día decidieron dejar todo e instalarse en medio de la selva. Se hicieron construir una casita. No les iba mal alquilando caballos y con los turistas armaban fiestas que duraban toda la noche y hasta se sacaban fotos para recordar. Uno cree que los suizos son prolijos pero viera la mugre de la casita, el teléfono tenía una capa así de mugre. 
El mismo peón, un brasilero que hacía trabajos de lo que fuera, que había trabajado para mí, también, me comentaba a veces que iba con los suizos porque necesitaba, que si no. Nunca en su vida ningún ser humano lo había humillado, lo había tratado con el desprecio con que lo hacía esa mujer. Y el problema era sólo con ella, racista la suiza. Le decía Negro, negro, al pintor y hasta lo insultaba por cualquier cosa. Él no, el marido no se metía, se llevaba bien hasta con el negro, con cualquiera" (2).

Notas 
1. Guillot, Víctor Juan: “Un hombre”, en El cuento argentino 1900-1930 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980.
2. Amuchástegui, María Laura: "En la Hostería del Alemán", en Ciudad de arena (www.ciudaddearena.org), 28 de marzo de 2007.

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