viernes, 6 de octubre de 2000

Novelas con portugueses

Carlos Marìa Ocantos es el autor de Quilito (1), una de las tres obras màs representativas del “Ciclo de la Bolsa” (las otras dos son La Bolsa, de Juliàn Martel, y Horas de fiebre, de Segundo Villafañe).
Andrès Avellaneda señala que “dos grandes grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo, se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el inmigrante y la fiebre financiera” (2). En Quilito, estos temas aparecen entrelazados, al tiempo que se transmite una visiòn selectiva sobre la inmigraciòn europea, destacando las virtudes de los ingleses y tolerando a los latinos.
En 1888 apareciò Leòn Zaldìvar, de Ocantos. Adolfo Prieto afirma que el escritor “iniciò con esta novela una larga serie de obras dedicadas, en lo fundamental, a reflejar diversos aspectos de la realidad argentina. Con Quilito (1891), El candidato (1893), Tobi (1896), el ciclo alcanzò sus logros màs felices, pero por su ubicaciòn cronològica y sus temas especìficos, estas obras seràn consideradas como representativas de la novelìstica de la dècada del 90” (3).
A criterio de quien escribe este texto preliminar, “Quilito no se centra exclusivamente en la quiebra de la Bolsa y en sus derivaciones. (...) La difìcil y conflictuada sociedad del noventa encuentra en Quilito un reflejo fiel y acabado. En sus pàginas quedò impreso para siempre el retrato de las costumbres, las formas de ser, de relacionarse y de sentir en las que se gestò la esencia del argentino de hoy” (4).
En la obra aparecen inmigrantes de distintas nacionalidades, a los que Ocantos retrata en forma diferente. Siente predilecciòn por el personaje inglès, en el que hace encarnar todas las virtudes, al tiempo que demuestra desdèn por los italianos. El portuguès, en cambio, le parece corrupto y oportunista, a juzgar por los apelativos con que lo evoca.
Ocantos no se cierra a la postura generalizada en su època, que consistìa en combatir la inmigraciòn. El advierte los rasgos buenos en los criollos y en los inmigrantes, y tambièn sabe ver en ambos grupos los procederes que evidencian la decadencia moral y que llevan a una existencia desgraciada o, incluso, a la muerte.
El portugués era el usurero Raimundo de Melo Portas e Azevedo. De los italianos de Ocantos puede decirse que no tenían muchas luces, ni una educación refinada, en cambio el lusitano era para el autor una persona ruin. Lo define como “el ángel protector de empleados impagos y pensionistas atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra, el cuervo voraz de toda desgracia, el pastor de los hijos de familia descarriados”. Vemos que utiliza también en esta oportunidad la comparación con animales, como lo hiciera con los italianos, pero el sentido es bien distinto.
A pesar de sus condiciones para vivir indignamente, el portuguès no es el peor en esta historia; alguien lo supera, y es, paradòjicamente, un criollo, para demostrar que Ocantos no es prejuicioso: “entre don Raimundo y èl, igualmente criminales y condenados a la misma pena por la opiniòn pùblica, habìa una capitalìsima diferencia: la que existe entre el ladròn y el ratero, no porque el portuguès se contentara con pequeños robos al por menor, que era un pez de primera magnitud, sino porque ante las hazañas de don Bernardino, quedàbase en mantillas”.
Eugenio Juan Zappietro escribió De aquì hasta el alba (5), novela en la que narra lo acontecido a colonos, soldados e indios durante la Conquista del Desierto, en el año 1879.
El lìder de esta gesta fue Julio Argentino Roca, “el joven y brillante militar prestigiado por el èxito de la campaña que concluyò con el dominio del indio en el desierto”, asì lo define Adolfo Prieto (6). La Conquista del Desierto fue –a criterio de Exequiel Cèsar Ortega- uno de los “hechos y factores que dieron nueva tònica a nuestra Argentina moderna. (...) La empresa decisiva del General Julio Argentino Roca (1878-1879) y las complementarias hasta 1884, terminaron con el pleito secular. Se tuvo el control territorial en momentos de casi inminente guerra con Chile por la posesiòn de la Patagonia. Los caciques resultaron vencidos, se entregaron como Namuncurà; fueron apresados como Pincèn y otros como Baigorrita combatieron hasta el fin. Sus escasas gentes (pocos guerreros sobrevivientes y ‘chusma’ o no combatientes, mujeres, ancianos y niños) esperaron a merced de los vencedores, o huyeron, transmitièndose su alarma y su miedo mediante las señales de humo que describe Zeballos. Estos ya no eran los centauros que domesticaban sus caballos de guerra sin castigarlos, ni los àgiles y huidizos maloneros. Eran los integrantes del ocaso, descriptos por Estanislao S. Zeballos en ‘Viaje al paìs de los araucanos’ “ (7).
Por el tema que aborda, la obra de Zappietro se inscribe en la vertiente de la “literatura de fronteras”, que ha tenido grandes cultores. Prieto considera que “la Argentina moderna parece no guardar rastros del problema que la agitara rudamente durante medio siglo, luego de convertirse en una no resuelta herencia de la Colonia. El importante ciclo de la literatura de fronteras, con Callvucurà, los ya mencionados libros de Mansilla y de Barros, los artìculos periodìsticos de Hernàndez, la prèdica de Nicasio Oroño, el simple material de informaciòn cotidiana recogida durante años en diarios como La Prensa de Buenos Aires y La Capital de Rosario, y los registros de testigos calificados, como Ignacio Josè Garmendia en Cuentos de tropa (Entre indios y milicos) (1891), el Comandante Prado en La guerra al malòn (1907) e Ignacio Fotheringham en La vida de un soldado (reminiscencias de la frontera) (1908), vienen a recordarnos la inconsistencia de esa opiniòn o prejuicio”.
En la novela de Zappietro, varios inmigrantes comparten con los criollos y los indios un destino aciago. Se trata de hombres que se alejaron de la civilizaciòn, por su voluntad o por causas ajenas a ella, y se ven envueltos en una historia que les permitirà mostrar su grandeza o su cobardìa.
Un portuguès se ofrece como voluntario para defender el fuerte 36 del Ejèrcito Nacional Argentino. Lucharìan doscientos bomberos de lanza contra veintidòs idiotas”, en una contienda que tendrìa como hèroes al capitàn Càrdenas, a Paula Bary y a un indio converso. Era Martins, el portuguès, “a quien las bajamares habìan hecho recalar allì, como ùltimo puerto”, un hombre “delgado, macilento, comido por la malaria”, que tenìa un poderoso motivo para luchar: “-Me mataron una china en Italò –dijo-. Me dije que iba a arrancarle las tripas a cien puercos de èsos. Todavìa no cumplì”. Seguramente, le llegò el fin antes de poder concretar su propòsito.
“En la cubierta del barco –escribe Alicia Dujovne Ortiz, en El árbol de la gitana-, los judíos rezaban hamacándose hacia delante y hacia atrás. El movimiento del mar les cuadruplicaba el balanceo. Una hierática madre portuguesa derramaba sus senos sobre dos criaturas ya mayores, que mamaban sin pausa. De a ratos, los tres interrumpían la tarea para vomitar sobre un talit que alguna vez fue blanco, abandonado por su dueño que, por lo menos, vomitaba de boca al mar” (8).
Hija de un italiano y una española, Regina Pacini nació en Lisboa en 1871. En Regina y Marcelo (9), Ana María Cabrera recrea la historia de amor entre la soprano y el presidente; la suya es “una novela de pasiones, renunciamientos, éxitos y fracasos, y por sobre todo, la historia de un amor indestructible” (10). “La boda de Marcelo T. de Alvear y la famosa soprano portuguesa Regina Pacini despertó los más insidiosos comentarios de la sociedad porteña, que no podía admitir que el soltero más codiciado del ambiente se casara con una artista. Cuando Alvear asume la presidencia de la Nación en 1922, Regina se convierte en la Primera Dama del siglo XX. Y, a pesar de la injusta indiferencia de los argentinos, demuestra la generosidad de su alma al crear la Casa del Teatro, un emprendimiento por entonces único en el mundo, destinado a la protección de sus colegas artistas” (11).
Norma Pérez Martín se refiere a esta obra y al contexto en el que surge: “Si bien los personajes que enuncia este título no son desconocidos, merece destacarse el subtítulo de la novela. ¿Por qué un ‘duetto de amor’? no sólo porque alude a la relación de Regina Pacini con Marcelo T. de Alvear, sino porque la música justifica en esencia a la protagonista y ofrece recursos discursivos metafóricos y sonoros a la novelista. La famosa soprano portuguesa Regina Pacini, al casarse con el privilegiado y donjuanesco Marcelo (que llegaría a la presidencia de la nación) traía una rica y exitosa carrera artística desarrollada en los más importantes teatros líricos de Europa. Reconocida y aplaudida por gobernantes, reyes y afamados maestros de la ópera, abandonará la fama y los escenarios por amor y sumisión a su marido. Marcelo, amante de la música, fascinado por la voz de aquella mujer al casarse le exigirá que abandone el canto. Ana María Cabrera con minucioso tratamiento psicológico focaliza a estos dos personajes movidos entre la pasión, la sumisión, la entrega y el autoritarismo machista. La trayectoria de Regina no culmina como primera dama (junto al triunfante candidato del radicalismo). Ella llevará a cabo la fundación y dirección de la Casa del Teatro. A partir de esta perspectiva la novelista acentúa la sensibilidad social y la calidad humana de quién fuera menospreciada por la oligarquía porteña (por su pasado como actriz). Regina Pacini decidió levantar la Casa del Teatro (que hoy perpetúa su nombre en nuestra ciudad) pues le preocupaba dar albergue a los hombres y mujeres de la escena nacional que carecieran de familiares y recursos para sobrevivir. Luces y sombras: estas y otras obras de nuestro tiempo revelan realidades opacadas o calladas totalmente por la historia oficial” (12).

Notas
1 Ocantos, Carlos Marìa: Quilito. Hyspamèrica.
2 Avellaneda, Andrès: “El naturalismo y Eugenio Cambaceres”, en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
3 Prieto, Adolfo: “La generaciòn del 80. La imaginaciòn”, en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
4 S/F: en Ocantos, C.M.: Quilito, Hyspamèrica.
5 Zappietro, Eugenio Juan: De aquì hasta el alba. Barcelona, Hyspamèrica, 1971
6 Prieto, Adolfo: “La ideas y el ensayo”, en Historia de la literatura argentina, Tomo II. Buenos Aires, CEAL, 1980.
7 Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra, 1972.
8 Dujovne Ortiz, Alicia: El árbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. 293 pp.
9 Cabrera, Ana María: Buenos Aires, Sudamericana, 2001.
10 S/F: “Sudamericana digital”, en www.edsudamericana.com.ar.
11 Ibídem
12 Pérez Martín, Norma: “Escritoras de hoy miran a las mujeres de ayer”, en www.elmuro.com. 
13 Bajo, Cristina: La trama del pasado. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 
14 Prus, León:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.