lunes, 16 de octubre de 2000

Cuentos con alemanes

Eduardo L. Holmberg evoca en “La pipa de Hoffmann” a un judío alemán: “Era de mediana estatura, proporcionalmente delgado, cara oval, ojos negros, pestañas largas, y vestía siempre traje del mismo color de sus ojos y de su cabello, negro también. Al verle era difícil no reconocer en él un representante de la raza hebrea” (1).
Narra Jorge Luis Borges en “El sur”: “El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de una iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino” (2).
En “La tos” Ezequiel Martínez Estrada presenta a Rauch, un descendiente de alemanes, quien recibe la visita de “un señor corpulento, rubio”, un “empresario de reducciones orgánicas”. “Rauch se extrañó de la corrección con que se expresaba en castellano ese hombre evidentemente extranjero, de su raza” (3).
Juan José Hernández relata, en “El inocente”, que ha desaparecido un gato. “(...) Poco tiempo después Julia y yo lo descubrimos muerto en la quinta del alemán. Ocultamos nuestro hallazgo. Nos habían prohibido subir a la pared del fondo que daba a la quinta, pero a menudo desafiábamos el peligro para robar naranjas. Nunca saltábamos la tapia; hacerlo hubiera sido correr la misma suerte del gato” (4).
En "Bajo la luna, sobre la tierra, bajo la noche", el autor presenta a una pareja de gringos. El marido habla alemán, y la esposa, "su media lengua" (5).
Magdalena Ruiz Guiñazú evoca, en “El sortilegio”, la relación entre una pareja de alemanes y la novia del hijo: “Digamos que aquellos germanos, los Sachs, mostraron sólo una educada indiferencia. ¿Qué podía importarles aquella criolla rioplatense, exuberante, alegre y pobre, que ni siquiera sabía hablar el alemán? Sin embargo, guardaron las apariencias con formalidad. Se cumplirían las reglas y sus amistades sólo percibirían que aquella no era la nuera esperada, pero que la vida es tal como es y que las personas inteligentes saben adaptarse a cualquier circunstancia” (6).
El protagonista de “Esperanza”, de Santiago Korovsky, “Con la gente del conventillo se había ido encariñando, había cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judíos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariñosa, generosa y solidaria. Algunos habían probado suerte como él, pero, también, habían perdido” (7).
En “El hombre frío”, Horacio Vázquez-Rial presenta a un descendiente de alemanes: “Ese rubiecito flaco, que seguramente vivía en el barrio, aunque nadie sabía exactamente dónde, daba para todo: para una madre represiva, posesiva, castradora, que no le permitía tener una novia como todo el mundo, o para un padre violento, de tradición prusiana”.
En “Tablero desierto”, de Héctor Alvarez Castillo, un alemán contrae enlace en la nueva tierra. Relata el protagonista: “La historia familiar que alcancé a conocer es sencilla. Si soy sincero debo confesar que a ella la vi más de un par de veces. Mi amigo descendía de alemanes. Su padre llegó a Buenos Aires durante el segundo gobierno de Irigoyen en un barco que lo trajo de África, de un continente que no era su país, a otro más alejado aún del mundo en el que se había criado. Provenía de una ciudad cercana a Berlín. En ella había logrado un título de ingeniero que lo conectó dentro de la comunidad germana ya instalada en el Río de la Plata y, en una de las reuniones a las que con frecuencia era invitado, la esposa del hombre con quien comenzara a trabajar le presentó a Eloisa. Una joven delgada que vio a su primer hombre en esa velada con el pudor y la ambición en tornadizo vaivén” (8).
En el cuento "En la Hostería del Alemán", por María Laura Amuchástegui, relata la narradora: "Plena selva salteña. Fuera de temporada. (...) viene llegando el dueño, Helmuth, me pregunta si me gusta el paisaje, y en vez de contestar lo obvio le comento que están a la vanguardia, hasta los visitan los extraterrestres" (9).

Notas 
1. Holmberg, Eduardo L.: ”La pipa de Hoffmann”, en Holmberg, Eduardo L.: Cuentos fantásticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. 
2. Borges, Jorge Luis: “El sur”, en Ficciones. Buenos Aires, Sur, 1944. 
3. Martínez Estrada, Ezequiel: “La tos”, en Arlt, Roberto, Borges, J.L. y otros: El cuento argentino. 1930-1959***. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 83). 
4. Hernández, Juan José: “El inocente”, en Hernández, Juan José: “La señorita Estrella” y otros cuentos antología. Selección por el autor. Prólogo por Daniel Moyano. Buenos Aires, CEAL, 1982. (Capítulo, vol. 134). 
5. Angelino, Diego: "Bajo la luna, sobre la tierra, bajo la noche", en Con otro sol, Corregidor, 1993, volumen que acompaña las ediciones de Diario Popular (Buenos Aires), El Día (La Plata) y Democracia (Junín). 
6. Ruiz Guiñazú, Magdalena: “El sortilegio”, en La Nación, 20 de diciembre de 1998. 
7. Korovsky, Santiago: “Esperanza”, en Aequalis.
8. Alvarez Castillo, Héctor: “Tablero desierto”, en Metamorfosis, Buenos Aires, Alvarez Castillo Editor, 2005.
9. Amuchástegui, María Laura: "En la Hostería del Alemán", en Ciudad de arena (www.ciudaddearena.org), 28 de marzo de 2007.

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