viernes, 22 de septiembre de 2000

Novelas con estadounidenses

Eugenio Juan Zappietro escribe en De aquì hasta el alba: “Un hombre delgado y macilento que era ingeniero del ejèrcito, habìa llegado para estudiar la posibilidad de trasladar el asiento de las tropas un poco màs hacia el mar. Se habìa llamado Jewison y era un americano de Tejas, muy golpeado por la enfermedad que habìa contraido al atravesar la Florida. Jewison tenìa treinta y cinco años y un Colt Forntier a la cintura; vestìa levitòn Prìncipe Alberto y fumaba cigarrillos muy suaves, ambarinos, de Virginia”. Una noche, “quedò con los ojos abiertos, mirando el techo de paja trenzada, inmòvil como una piedra. Habìa muerto sonriendo, cara a un cielo extraño, tal vez muy semejante al de las interminables noches de su Tejas natal” (1).
En 1999 apareció Moira Sullivan (2), de Juan José Delaney, cuya protagonista emigra desde los Estados Unidos a la Argentina. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros años del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en sí, desarrollada hábilmente, pero permite también al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. Al hablar de los primeros años de la anciana, nos ilustra acerca de la vida en Estados Unidos, no sólo de los irlandeses, sino también de emigrantes de otras nacionalidades que se dirigieron allí en busca de la fuente laboral que significaban las minas carboníferas.
La cautiva que protagoniza La casa de Myra, de Aurora Alonso de Rocha, es atendida por un médico norteamericano: “Myra yacía sobre las mantas y los pelleros al modo de la csa, envuelta en un lienzo blanco que después supe que lo humedecen de cocciones balsámicas. No se le notaba delirio alguno. Me dijo que tenía ‘susto’. Saltaba del camastro presa de pesadillas y allí corrían todos creyendo que ya comenzaban las visiones. A mí no me pareció que tuviera mal la razón ni los miembros duros o la lengua trabada o los ojos virados para atrás, todo lo que el Dr. Cross me había indicado como síntomas desgraciados. El cacique se puso de uñas para arriba cuando mencioné al doctor. Es doctor y es norteamericano pero lo que le molesta es que sea mitrista y arrogante en el trato cuando en otro tiempo había sido Juez de Paz. Es, además, un hombre grande, tanto como el cacique, que se inclina a ser condescendiente sólo cuando mira al otro desde arriba (eso me parece)” (3).

Notas 
1 Zappietro, Eugenio Juan: op. cit. 
2 Delaney, Juan José: Moira Sullivan. Buenos Aires, 1999. 
3 Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundación El Libro, 2001.
4 Casañas, Gloria V.: La maestra de la laguna. Plaza & Janes.

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