jueves, 7 de septiembre de 2000

Novelas con alemanes

Diego Angelino es el autor de Sobre la tierra (1).
Jorge Isaac escribió Una ciudad junto al rìo (2), novela en la que señala: “Los alemanes –que también suelen arribar en grupos familiares- ofrecen un marcado contraste con aquellos. Hablan lo indispensable y se mueven con marcada compostura. Nunca cantan. Las diferencias físicas, se advierten con más claridad en las mujeres y en los niños, rubios y de cutis rosado éstos cuya belleza despierta siempre admiración”.
El viajero de Agartha (3), de Abel Posse, fue distinguida con el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en México. Transcribo un resumen de su argumento: “En 1943, cuando el curso de la Segunda Guerra Mundial se vuelve contra Alemania, Hitler ordena a un oficial de su confianza emprender una importante misión secreta. Deberá iniciar un viaje solitario a través de Asia Central con el objetivo de descubrir, en algún lugar oculto de la India o del Tibet, la mítica Agartha, Ciudad de los Poderes. Irá con la falsa identidad de un arqueólogo británico ejecutado por la Gestapo. Esta aventura a través de la geografía exótica se va transformando en un viaje hacia el universo esotérico de las mitologías paganas, en las que el nazismo fundamentó su ‘Teología de la violencia’. Retomando el tema de Los demonios ocultos, esta gran novela de Abel Posse es, en definitiva, una metáfora reveladora del fracaso de la ideología nazi” (4). 
En la nota que abre el volumen, Posse se refiere a los nazis y a la forma en que surgió esta novela: “Conocí algunos nazis refugiados en la Argentina de mis años de estudiante. Desde entonces se instaló en mí la pregunta: ¿Qué convicción oculta, inexplicable, llevó a estos hombres a optar por la muerte, el sacrificio sangriento y la autodestrucción individual y nacional? ¿Qué fuerza secreta los hizo saltar del previsible surco de la burguesía alemana y de su encomiable cultura? Sin duda un dios tan sediento de sangre como el dios de los mexicas tuvo que haberlos impulsado. Este texto nació en torno de aquella pregunta. El tema, todavía hoy, ha sido escamoteado con entusiasmo por los autores alemanes, pero está ligado a la esencia del autoritarismo y de la locura de este siglo que expira. Es por lo tanto un tema universal, un tema profundamente americano” (5). 
El teniente coronel Walther Werner, de las fuerzas especiales nazis, intenta imaginar la ciudad en la que crece su hijo: “¿Cómo sería esa ciudad de Buenos Aires? Tengo referencias vagas, fotos vistas en un álbum de turismo. Imagino una ciudad de casas bajas, calles muy quietas, con avenidas largas y monótonas como las de ciertos barrios de Londres. Es un pueblo bastardo, pero casi blanco y amigo de Alemania”. Lo narra Abel Posse en El viajero de Agartha, novela que obtuvo el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en México (6).
En Frontera Sur, Horacio Vázquez-Rial escribe, acerca del alemán Frisch: “Todos vieron alejarse al hombre alto y rubio que durante la travesía de Montevideo a Buenos Aires había tocado aires tristes en ese instrumento nuevo, el bandoneón. Ni le mareaba el barco, ni deslucían su aspecto las infames acrobacias del traslado a la costa. Había plantado cara a las autoridades de inmigración, y eludido la barraca en que los más aceptaban asilo provisional. Llevaba sus bienes –prendas escasas, libros, y aún su rara caja de música- atados a una improvisada carretilla: dos varas de madera nudosa clavadas a un travesaño, que iban a dar a los lados del eje de una única rueda” (7).
En Secretos de familia (8), Graciela Cabal describe al vecino alemán: “Don Oscar, que es el padre de mi novio, es alto y colorado. ‘Porque es alemán’, dice mi mamá. Pero éste no es maldito como los alemanes de Punta Mogotes y los que hacen la guerra: es alemán nomás, y arregla los barcos que se rompen”.
En La matriz del infierno (9), Marcos Aguinis relata: "Rolf había tenido que viajar en tren a la austral Bariloche. (...) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del conventillo donde bebió café antes de dirigirse a la estación terminal le recordó que ya era el 11 de febrero de 1930. Don Segismundo, mientras sorbía ruidosamente de su tazón, trató de infundirle ánimo y le aseguró que Bariloche era bellísimo, que encontraría allí los panoramas disfrutados en su infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes austríacos, suizos y alemanes la había elegido por su semejanza con la tierra natal".
En 1999 se publica Hotel Edén (10), novela en la que Luis Gusmán escribe: “En el frente del edificio, el águila imperial había dominado el valle hasta que a comienzos del 45 Argentina declaró la guerra a Alemania. Seguramente todo el pueblo asistió a la demolición del águila, símbolo de un poder que se extinguía en el mundo. Posiblemente también ese mismo día destruyeron la antena de onda corta que estaba en la torre y permitía que se comunicaran clandestinamente con Alemania. (...) Observó el hueco que el águila había dejado y después localizó la fecha borrosa de la fundación del Edén. De inmediato vino a su mente el nombre de los primeros propietarios sobre los que caía, desde tiempos remotos, una leyenda negra”.
"Tito y Beto son ladrones de poca monta. Dos buscavidas que todavía tienen pendiente el gran golpe que les cambie la vida de una vez y para siempre. Casi sin querer, y siguiendo los pasos de una pista, dan con una historia que se les escapa de las manos en una colonia alemana en pleno sur de la provincia de Buenos Aires. Una “pequeña Alemania de juguete”; un lugar hermético, cuidado por demás: Arroyito.
Es entonces cuando por una serie de casualidades –si es que existen– toma la palabra con nombre y apellido Enzo Requena. Un director de cine que debe sí o sí levantar cabeza después de varios fracasos, y que sabe que en Arroyito se encuentra la actriz que necesita para su próxima película. De ahí en adelante, y viaje de por medio, se establece entre Requena y el pueblo –y también sus mujeres– una serie de vínculos extraños, poblados de fantasmas que aluden tanto al nazismo de la posguerra y su presencia en la Argentina como a sus propias sombras personales.
Narrada con un pulso preciso y dinámico que no les teme a los más diversos puntos de vista, poblada de personajes indelebles que van y vienen entre la tensión del thriller y la calidez, e incluso el humor, de lo cotidiano, Eva Braun de Arroyito confirma que la vuelta de Alejandro Agresti a la literatura es un trip por demás feliz, saludable y hasta necesario para la novela argentina" ().

Notas 
1. 
2. Isaac, Jorge: Una ciudad junto al río. Buenos Aires, Marymar, 1986. 
3. Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emecé, 1989. 
4. S/F: en Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emecé, 1989. 
5. Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emecé, 1989. 
6. ibídem
7. Vázquez Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 
8. Cabal, Graciela Beatriz: Secretos de familia. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 280 pp. 
9. Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires, Sudamericana, 1997.
10. Gusmán, Luis: Hotel Eden. Buenos Aires, Norma, 1999. 
11. Goris, Ester: Agatha Galiffi.
12. Winkler, Paula: El vuelo de Clara.
13. Agresti, Alejandro: Eva Braun de Arroyito. Buenos Aires, Planeta, 2010.

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