jueves, 22 de julio de 1999

Borges y la inmigración


Jorge Luis Borges se refiriò en reiteradas oportunidades a la inmigraciòn de sus mayores. Lo hizo en reportajes, en los que aludiò a su condiciòn de descendiente de inmigrantes y criollos (1). Ricardo Piglia considera que “Apoyada en la diferencia de los sexos, la familia se divide en dos linajes, habrìa que decir es forzada a encarar dos linajes: la rama materna, de ‘buena familia argentina’, descendiente de fundadores y conquistadores (‘Tengo ascendencia de los primeros españoles que llegaron aquì. Soy descendiente de Juan de Garay y de Irala’), de guerreros y de hèroes. La rama paterna, de tradiciòn intelectual, ligada a la literatura y a la cultura inglesa (‘Todo el lado inglès de la familia fueron pastores protestantes, doctores en letras, uno de ellos fue amigo personal de Keats’)” (2). 
En Borges, biografìa verbal (3), Roberto Alifano escribe cuanto el escritor le dijo sobre uno de sus antepasados: “El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, editò uno de los primeros periòdicos ingleses de la Argentina, Southern Cross, y se habìa doctorado en Filosofìa y Letras en la Universidad de Heidelberg. Sus medios no le permitìan estudiar en Oxford o Cambridge, por lo que marchò a Alemania, donde obtuvo su tìtulo despuès de haber realizado todos sus cursos en latìn. Muriò en Paranà, la capital de la provincia de Entre Rìos”. 
Cuando Borges recibiò el Premio Jerusalèn, recordò en una entrevista a la hija de Edward Haslam, su “abuela inglesa, protestante, que sabìa de memoria la Biblia” (4). A ella se referirà tambièn en un reportaje realizado por Noemì Ulla, recordàndola como una persona estrechamente ligada a los libros con los que se iniciò literariamente. Dijo a la escritora que su verdadera educaciòn fue la biblioteca de su padre, “en gran parte de libros ingleses. (...) Yo recuerdo sobre todo la Enciclopedia Britànica, que sigo releyendo y que no he agotado aùn. Mi padre era profesor de Psicologìa en Lenguas Vivas, èl tenìa que dar las lecciones en inglès –mi abuela era inglesa- y era secretario en un Juzgado Civil de los Tribunales, pero èl era ademàs profesor de Literatura Inglesa” (5). 
Evoca el ambiente literario de su casa, relacionado con la extranjera: “Habìa un excelente ambiente en casa, un ambiente literario. Mi abuela era muy lectora, mi abuela inglesa sabìa de memoria la Biblia. Ellos habìan sido predicadores metodistas, gente de clase media en Inglaterra, de modo que Ud. citaba un versìculo bìblico y ella decìa: Libro de los Reyes, capìtulo tal, versìculo tal. O Libro de Job, capìtulo tal, versìculo tal, o El Evangelio segùn Marcos, capìtulo tal, versìculo tal, y seguìa adelante. En alemàn se dice Bibelfest, es una persona que està firme en la Biblia. Creo que Hafiz sabìa de memoria el Coràn, que Hafiz quiere decir ‘el recordador’. Hay mucha gente que sabe de memoria el Coràn y sè que muchos protestantes, como mi abuela, saben de memoria la Biblia. Se sigue la ùnica lectura, puede ser aprendida”. 
Acerca del arribo de la inglesa a nuestro paìs, dice Alifano: “La abuela paterna de Borges, Frances Haslam Arnett, llegò a la Argentina por una serie de curiosas circunstancias. Su ùnica hermana, mayor que ella, se habìa casado con un ingeniero ìtalojudìo, llamado Jorge Suàrez. Al fallecer su madre, los Suarez la hicieron viajar a Amèrica del Sur. Llegò a Paranà, la capital de Entre Rìos, despuès de un accidentado viaje (el barco estuvo a punto de naufragar en las costas del Brasil), a mediados de 1867. En Paranà fue donde Frances Haslam conociò al coronel Francisco Borges”. 
La ascendencia de Jorge Luis y su hermana, Norah, determinò en què idioma se expresarìan: “En casa de los Borges se usaba corrientemente tanto el inglès como el castellano –afirma el biògrafo. Los niños sabìan que con la abuela materna, Leonor Acevedo, tenìan que hablar español; pero con Fanny Haslam lo debìan hacer en inglès. ‘Con el tiempo descubrì que esas dos maneras de hablar de un nieto se llamaban la lengua castellana y la lengua inglesa’, completò Borges”. 
La abuela Fanny no sòlo le legò el idioma y la aficiòn a la lectura; le dejò tambièn material del que surgirìa algùn texto: “Siendo niño –evoca Borges- escuchè a Fanny Haslam muchas historias de la vida de fronteras de aquellos tiempos. Ella habìa vivido experiencias terribles y maravillosas al mismo tiempo, ya que, en los primeros años de la dècada del setenta, mi abuelo fue comandante en jefe de las fronteras norte y oeste de la provincia de Buenos Aires. Una de esas historias sirviò de base para mi relato Historia del guerrero y la cautiva. Mi abuela habìa conocido a varios caciques indios: Namuncurà, Simòn Coliqueo, Pincèn y Catriel”. 
Una experiencia tan fuerte como la de la inmigraciòn dejò huellas en el escritor, que se refiriò a esta realidad de dos patrias en algunos de sus textos. El lector recordarà con què frase se incia el cuento titulado “El sur”: “El hombre que desembarcò en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangèlica”. Pasados los años, nos enteramos de que este inmigrante dejò descendencia en suelo americano: “en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Còrdoba y se sentìa hondamente argentino” (4). 
Marìa Teresa Gramuglio sostiene que “en ‘El Sur’, relato que Borges ha calidficado de autobiogràfico, ‘al menos en sus primeras pàginas’, otra oposiciòn, la de lo criollo y lo europeo, se condensa en el protagonista, Juan Dahlmann, descendiente de un pastor alemàn y de un coronel argentino. En el nivel màs visible –agrega-, los datos ‘autobiogràficos’ se multiplican: Dahlmann trabaja en una biblioteca, sufre un accidente similar al sufrido por Borges en 1938, conserva unos vagos campos que no visita. (...) En un nivel menos visible, la dicotomìa entre lo criollo y lo europeo define una elecciòn que se resuelve en el relato (ir al sur, aceptar el duelo) y que a la vez lo resuelve con la muerte” (7). 
Al igual que el escritor, Juan Dahlmann siente correr por sus venas sangre de dos tierras: “Su abuelo materno habìa sido aquel Francisco Flores, del 2 de infanterìa de lìnea, que muriò en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel”. Elige una de estas ascendencias, por un motivo que arriesga el cuentista: “en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germànica) eligiò el de ese antepasado romàntico, o de muerte romàntica”. Esa elecciòn marca su personalidad: “Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas mùsicas, el hàbito de estrofas del Martìn Fierro. (...) Esta elecciòn sella su destino: morir, o soñar que muere, en el Sur, en un duelo a cuchillo. ‘Sintiò que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto, hubiera sido una liberaciòn para èl, una felicidad y una fiesta... Sintiò que si èl, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, èsta es la muerte que hubiera elegido o soñado’ “. 
Lo criollo y lo europeo, mundos diferentes en los que se escindiò la existencia de Borges, aparecen en este cuento, como aparecieron en las entrevistas que se le realizaron, demostrando que la inmigraciòn fue un tema importante, tambièn, para uno de los màximos escritores argentinos.

22-7-99

1 comentario:

  1. Muy buen artículo, María. Es interesante comparar distintos enfoques de la inmigración bajo la mirada de nuestros escritores, como Borges o Roberto Arlt.

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