jueves, 2 de febrero de 1995

LA REJION DEL TRIGO

 por Estanislao S. Zeballos. Madrid, Hyspamèrica, 1984. 

Si se recuerda a Estanislao Zeballos, es por su literatura de frontera. Callvucurà y la dinastìa de los piedra (1884), Painè y la dinastìa de los zorros (1886) y Relmu, Reina de los pinares (1887) son –a criterio de Adolfo Prieto- “las màs valiosas de toda su producciòn” (1). Sin embargo, no se agotò allì el talento de este estadista, legislador, periodista y escritor que siendo muy joven nos legò obras que sorprenden por la documentaciòn consultada y por la fuerza con que expone su tesis. 
Teniendo menos de treinta años –habìa nacido en 1854, en Rosario-, concibiò el proyecto de un tratado en varios volùmenes en el que presentarìa diversos aspectos geogràficos y que llevarìa por tìtulo general Descripciòn amena de la Repùblica Argentina. De esta ingente obra aparecieron sòlo tres tomos: Viaje al paìs de los araucanos (1881), La rejiòn del trigo (1883) y A travès de las cabañas (1888). 
Es en el segundo de ellos en que Zeballos realiza una interesante apologìa de la inmigraciòn, llamativa sobre todo por provenir del hombre que fundara la Sociedad Rural Argentina. 
En La rejiòn del trigo (2) sostiene que “Es peculiar de los hombres primitivos y de las sociedades embrionarias huir de la luz que redime como de la llama que quema”. Por el contrario -afirma-, “si el viajero es como yo, argentino de buena ley, se encanta en el sentimiento patriòtico, en el noble y justo amor a nuestra tierra de que hacen orgullosa ostentaciòn los colonos”, por ejemplo, “cuando acostumbran hacer un intermedio a media fiesta para tributar homenage à la Repùblica Argentina bailando un aire nacional: el gato”. Tanto los nativos como los extranjeros se benefician con la apertura de la inmigraciòn, ya que –señala- “Un colono colocado es una fuente de riqueza privada y de renta pùblica”. 
Se refiere a las corrientes de la inmigraciòn: “Dos corrientes notables caracterizan el movimiento emigratorio de Europa. Los hijos del Norte, principalmente los Anglosajones, los alemanes y escandinavos, se dirijen hàcia los Estados Unidos y la Australia, atraidos por afinidades de raza, de religiòn, de hàbitos y de clima. La raza latina, dueña de la Europa meridional, se encamina casi esclusivamente à la Repùblica Argentina, cuyas instituciones hospitalarias, un clima templado y saludable, el orìgen y la lengua brindan el teatro soñado para las espansiones del hombre que aspira à la riqueza y à la libertad”. 
“No existe paìs sobre la tierra donde los estrangeros gocen de mayor amparo, de estìmulos màs positivos y de privilejios màs atrayentes y completos que en la Repùblica Argentina –asevera-. Conservan desde luego su nacionalidad y su relijion, al amparo de una constituciòn adelantadìsima, que ofrece sus derechos y garantìas à todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Gozan de libertad de trabajo y de industria, de navegaciòn y de comercio, de peticiòn à las autoridades, de trànsito en el territorio nacional, de publicar sus ideas por la prensa sin censura prèvia, de enseñar y aprender y de asociarse con propòsitos ùtiles, coronando el cuadro de estos derechos el de propiedad, sin trabas ni condiciones (Artìculo 4 de la Constituciòn)”. 
Como prueba de ello, nos habla de la transformaciòn que se opera en el extranjero que se establece aquì. Cuando arriba a nuestra tierra, su situaciòn es lamentable: “Mirad al colono en el muelle, pobre, desvalido, conducido hasta allí después de haber sido desembarcado á espensas del gobierno, sin relaciones, sin capital, sin rumbos ciertos, ignorante de la geografía argentina y de la lengua castellana, lleno de las zozobras y de las palpitaciones que agitan al corazón en el momento supremo en que el hombre se para frente a frente de su destino para abordar las soluciones del porvenir, con una energía amortiguada por la perplejidad que produce la falta de conocimiento del teatro que se pisa, y las rancias preocupaciones sobre nuestro carácter, el más hospitalario del mundo por redondo y el más vejado en Europa por nécias o pérfidas publicaciones. Solamente lo alientan en tan extraña situación de espíritu las aptitudes que lo adornan y la voluntad de hacerlas valer”. 
Tiempo despuès, hallamos al colono ya establecido: “Venid ahora conmigo à ver à este mismo inmigrante en el primer grado de su transformaciòn social. Hèlo aquì! Sale à recibirme en su hogar, porque ya tiene un hogar. Su espontaneidad y la espresiòn de alegrìa sincera en su semblante tostado y percudido, dicen con toda verdad el bienestar de su alma. ¡Cuàn hermoso es el contraste!”. 
Acerca del nùmero de inmigrantes que llegan a nuestro paìs, señala: “A pesar de estas maravillosas seducciones la inmigraciòn nos llega en una corriente apenas perceptible, comparada con la cifra de seiscientas mil almas que ingresan anualmente à los Estados Unidos; y el cultivo de los campos solitarios se retarda por falta de brazos, devorada su savia por selvas inexploradas o por infecundos pajonales". 
Sostiene que “La causa de la lenta fecundaciòn de tan soberbios elementos de Civilizaciòn, ni es por consiguiente asunto esencial, sinò de procedimientos: y hasta ahora hemos procedido erròneamente”. 
Distingue entre inmigraciòn espontànea y artificial. Cree que lo que debe hacerse es “limitarse a estimular la inmigraciòn espontànea”, la que “se mueve por sì misma y paga su viaje, atraìda por noticias adquiridas de las ventajas que le proporcionarà nuestro teatro de trabajo, ò decidida por consejos ò proposiciones y aun contratos que le brindan sus parientes y amigos establecidos felizmente en la Repùblica”. 
“La inmigraciòn artificial nos ha llegado por obra y efecto de la acciòn de agentes gubernativos enviados à Europa à reclutarla. Los medios empleados han sido muchos y malos. El enganche se hizo durante la guerra del Paraguay para remontar los cuerpos de ejèrcito de lìnea, y se practica actualmente para engrosar los ejèrcitos que empleamos en construir ferro-carriles” 
“La propaganda ha sido empleada con elementos ineficaces, apenas perceptible y solamente en las grandes capitales, de donde nos enviaba brazos ùtiles en proporciòn inferior à la de los ancianos, invàlidos, viciosos, incorrejibles y holgazanes, que se acumulaban en Buenos Aires, principalmente, sirviendo en los pequeños oficios, en las obras y en los talleres. En esta inmigraciòn oficial no escaseaban criminales”. 
“Estos reclutamientos, como los hechos por cuenta de los gobiernos para formar colonias, han sido generalmente deplorables, con numerosas excepciones por la mala calidad de la inmigraciòn del punto de vista de nuestros propòsitos y necesidades y por las esplotaciones pecuniarias de que el Gobierno como los mismos inmigrantes han sido vìctimas a veces”. 
A su criterio, muy distintos son el inmigrante espontàneo y el oficial: “Aquel es confiado, resignado, enèrgico, perseverante y lleno de fè y de iniciativa. Este viene, como el niño mal criado, soberbio, exigente, sin iniciativa, poco dispuesto al rudo trabajo y esperàndolo todo del Gobierno: comida, ropa y riqueza. El espìritu de protesta y de rebeliòn palpitan en su manera de proceder; y el trabajo y la fatiga son para èl una injuria, un tormento, un martirio, contra el cual grita y se alza dicièndose engañado”. 
Condena “el sistema de promover y reclutar oficialmente la inmigraciòn La palabra de los agentes y de los contratistas està desacreditada en Europa desde el siglo pasado. No solamente es ineficaz: no es siquiera oìda”. 
Otro de los problemas que advierte es la ausencia de datos acerca de los inmigrantes que arriban a nuestro paìs: "El estado de abandono de estos asuntos raya en lo asombroso, en cuanto el Departamento mismo de Inmigraciòn ignora las cifras, que debieran serle familiares y su colecciòn prolija uno de sus primordiales deberes”. Señala “la urgencia de implantar un procedimiento regular que ofrezca los guarismos exactos del vaivèn de nuestra poblaciòn sobre la inmensa vìa del Atlàntico”. 
Su aporte va màs allà del planteo de la situaciòn que se vive a fines del siglo XIX. Intenta producir un cambio, y lo harà desde su banca: “Este libro quedarìa trunco –expresa- si no condensara sus hechos y conclusiones en la forma positiva de un proyecto, que mi posiciòn de diputado nacional me permite introducir al seno mismo de los poderes pùblicos”. 
En su “Ley de Estrangeros” se ocupa de la organizaciòn del Departamento Nacional de Inmigraciòn, Colonizaciòn y Agricultura, la administraciòn de las Tierras Pùblicas, la naturalizaciòn, la contablidad, la estadìstica y publicidad, entre otros asuntos, que permitiràn –desde su punto de vista- incrementar el nùmero de inmigrantes y lograràn, al mismo tiempo, que lleguen a nuestra tierra los màs motivados, quienes encontraràn, sobre todo en las colonias del interior, una vida apacible y pròspera, a pesar del enorme esfuerzo que deban realizar.

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