jueves, 16 de febrero de 1995

GENTE CONMIGO

por Syria Poletti. Buenos Aires, Losada, 1962. 

En el año 1961, Gente conmigo fue distinguido con el Premio Internacional de Novela convocado por la Editorial Losada. Al año siguiente, dicha obra mereció el Segundo Premio Municipal de Buenos Aires y fue seleccionada entre las diez mejores novelas sudamericanas por la editorial Alan Williams de Nueva York. Fue traducida al inglés, alemán y ruso, y se realizó una adaptación cinematográfica y otra televisiva. 
Al preguntársele a la escritora acerca de las razones por las que creó este libro, respondió: “Un libro que se escribe desde adentro, nace porque debe nacer. Hay fuerzas oscuras que impulsan toda creación auténtica. Pienso que toda mi vida no fue más que una larga gestación de Gente conmigo y de Extraño oficio. Esa gestación entrañable, misteriosa, debía plasmarse y salir a luz. Pero creo que nació y maduró en la fragua candente de un sentimiento de asombro y rebeldía frente al absurdo de ciertas situaciones humanas: el desconcierto de la mujer inteligente ante la mediocridad del hombre de nuestro tiempo y de nuestro medio; la soledad de quien está preñado de trascendencia; el abismo entre generaciones; el desarraigo del inmigrante; la injusticia de los convenios establecidos entre América y los países emigratorios, convenios que, en la actualidad, además de despiadados, resultan anacrónicos. Por ejemplo, el casamiento por poder entre una pareja de desconocidos o el veto de ingreso al país a los disminuidos físicos”. 
La protagonista, Nora Candiani, recuerda: “Entramos a un salón vasto y desnudo. Era el lugar reservado a la revisión sanitaria. Junto a unas mesas, los médicos revisaban a mujeres y chicos con rápida indiferencia. Pase usted, pase usted, adelante, otra, rápido. Y las mujeres esperaban pacientemente, con la ropa a medio quitar y los críos berreando”. El médico le niega el permiso para emigrar, a causa de una malformación en la espalda. Comienza entonces el peregrinar de la hermana mayor, que debió emigrar sola, y no se resigna a que Nora quede en Italia, cuando ya están todos en América: “Paso tras paso, con su carga de trabajo y el agobio de apuntalar a una familia dispersa, Bertina consiguió arrancar el permiso de embarque. Eso no invalidaba el fallo adverso emitido en Trieste; era una concesión, una dádiva lograda a fuerza de recursos, de cuña y obstinación. (...) Mi viaje a América se resolvió así en una suerte de contrabando: yo era como un producto deteriorado que debía pasar inadvertido, entremezclado con los productos destinados a la exportación: los emigrantes aptos. Yo era el polizón que logra trepar al barco. Luego, la piedad me admitiría. De todos modos, lo importante era viajar. La vida impone las leyes y la vida enseña las trampas. Sólo que las trampas arañan”. La protagonista reflexiona: “Es paradójico que la deformidad constituya una culpa imperdonable”. 
El casamiento por poder es otra de las realidades contra las que la escritora arremete. Aunque otro personaje señala las ventajas de la costumbre, la traductora no se deja convencer: “Jamás pueden llevarse bien los que no se conocían de antemano y resuelven casarse por poder como quien resuelve entre dos males: o eso o la miseria (...). Es una escapatoria; no una elección. Todas esas muchachas que llegan aquí casadas por poder y se enfrentan con la incógnita de un marido desconocido me dan la impresión de seres arrojados por algún éxodo... No sé... Una especie de aluvión acosado por fuerzas oscuras que desborda por el mundo a tontas y a ciegas...”. 
Existen otras situaciones; por ejemplo, cuando la pareja ya estaba de novia en Italia y acuerda emigrar. Considera que ni siquiera en este caso es aceptable el casamiento por poder y, para demostrarlo, narra lo sucedido a un matrimonio que vivió una desgracia: “El llegó primero; trabajó duro y construyó la casa. Entonces se casaron por poder y ella tomó el barco. Un barco hacia América, hacia él, hacia el nuevo hogar. Durante la travesía la contagió el tracoma y no pudo desembarcar. Las prescripciones sanitarias no lo permitieron. Y él tampoco pudo subir a la nave. Debió conformarse con agitar el pañuelo desde el muelle cuando el buque zarpó de regreso a Italia”. 
Syria Poletti defendía el derecho a mostrar a través de la literatura realidades que debían ser cambiadas, por eso dijo: “Toda obra de arte entraña un mensaje social y mucho más cuando está escrita desde adentro. Inclusive, desde el punto de vista temático, mi novela podría significar una punta de lanza para la revisión de algunos convenios inmigratorios que resultan escarnecedores, por ejemplo, el rechazo de los disminuidos físicos. Y toda la novela plantea dramas; dramas que nacen de las injusticias sociales. Sin embargo, inclusive como mensaje social, esto no es lo más importante: lo más importante está implícito en el amor y en la adhesión que los personajes pueden o no suscitar en el lector. La eficacia del ‘mensaje’ depende de la carga de vivencias y de poesías que entraña una obra”.

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