viernes, 29 de mayo de 1992

ASI ERA ALFONSINA STORNI

En el centenario de su nacimiento 

En 1992, el 29 de mayo, se cumplen cien años del nacimiento de la escritora. Nació en un cantón suizo de habla italiana, pero sus padres ya habían emigrado, años antes, a la provincia de San Juan. Su infancia y adolescencia transcurrieron en diversos puntos de nuestro país, en una situación económica difícil, que la obIigó a desempeñar trabajos como los de costurera a domicilio o empleada en una fábrica de gorras. Se recibió de maestra rural. 
Colaboró en La Nación, Atlántida, Caras y Caretas y La Nota. Integró los grupos Iiterarios "Anaconda", "La Peña" del Tortoni y el círculo que se reunía en la confitería Richmond de la calle Florida. Escribió teatro para niños y adultos, obras en prosa y poesía. Fue con este último género con eI que logró una fama perdurable, avalada por el Premio Municipal y el Segundo Premio Nacional otorgados a Languidez. 
Gravemente enferma, puso fin a sus días el 25 de octubre de 1938, en Mar del Plata. 
Mucho se ha escrito acerca de la producción literaria de Alfonsina. Por eso, aunque siempre existe la posibilidad de realizar un nuevo aporte sobre su obra, preferimos abocarnos, en este aniversario, a un tema diferente: su aspecto físico y su personalidad, los cuales estaban muy ligados, Para ello, recurrimos a los testimonios que sobre sí misma dejó la poeta, y también aI que brindó, en Chile, Gabriela Mistral. Con unos y otros, intentaremos formarnos una idea de Alfonsina, para recordarIa en el centenario de su nacimiento. 

Evocación de la poeta 

Alfonsina nos ha dejado testimonios acerca de sus primeros años. En estos recuerdos, describe un alma que ya reniega de las ataduras, que desea vivir en contacto con la naturaleza: "Crezco como un animalito -dice-, sin vigilancia, bañándome en los canales sanjuaninos, trepándome a los membrillares, durmiendo con la cabeza entre pámpanos. A Ios siete años aparezco en mi casa a las diez de la noche, acompañada de la niñera de una casa amiga donde voy después de mis clases y me instalo a cenar". 
En esos años evidencia una imaginación desbordante, Ia misma que aparecerá en su literatura: “A los ocho, nueve y diez años miento desaforadamente: crímenes, incendios, robos, que no aparecen jamás en las noticias policiales. Soy una bomba cargada de noticias espeluznantes. La propia exuberancia de las mentiras me salva". Pero esta etapa llegará pronto a su fin, pues la escritora recuerda: “En la raya de los catorce años abandono". 
En sus recuerdos aparece también la iniciación literaria, y la repercusión que ella tuvo en el seno de su familia: "A los doce años escribo mi primer verso, Es de noche: mis familiares ausentes. Hablo en él de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y lo dejo debajo del velador, para que mi madre lo lea antes de acostarse. EI resultado es esencialmente doloroso: a la mañana siguiente, tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones frenéticos pretenden enseñarme que la vida es dulce". Sin embargo, la jovencita no se deja vencer por los obstáculos: "Desde entonces, los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están Ilenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan". 
Alfonsina habla de sí misma en un soneto que tituló "A la mujer que aparece en mis retratos". En éI puede observarse la oposición entre aquello que la poeta ve en su imagen natural, y lo que aparece en sus retratos, con los que no está conforme. Mediante la Iectura del poema, podrá captarse la idea que la escritora tiene de su rostro, y el desagrado con que lo ve malamente reproducido en las fotografías. 
Julieta Gómez Paz comenta que "AI verse así, engañosa y torpemente aludida por un rostro que no era el suyo, se decidió a encarar a la usurpadora" en los versos que transcribimos: 

Subterránea mujer de mis retratos 
de rostro oscuro y lacia cabellera, 
perdida tengo en ti mi primavera 
que, aunque segunda, reflorece a ratos. 

¿Por qué conmigo haces malos tratos? 
¿Por qué me vuelves torpe la manera? 
muñón deforme la nariz reidera, 
los discretillos ojos garabatos...? 

Te he dado vida y me odias despiadada. 
No te pedía que me hicieras nada: 
una mujer común que tiene acento. 

Pero al bromuro o sepia te me enconas, 
y ya fuera de ti, gritas, pregonas, 
contra tu pobre madre a todo viento. 

Gabriela Mistral la describe 

En 1926, Gabriela Mistral publicó en El Mercurio de Chile un retrato de la escritora, En esas líneas, recuerda la expectativa que tenía y qué sucedió aI conocer a Alfonsina. Habla no sólo de su físico, sino también de sus condiciones espirituales, en tono afectuoso y admirativo. 
"Me habían dicho 'Alfonsina es fea' -comienza Ia evocación- y yo esperaba una fisonomía menos grata que la voz escuchada por teléfono, una de esas que viene a ser algo así como el castigo dado a la criatura que trajo excelencia interior. Y cuando abrí la puerta a Alfonsina me quedé desorientada y hasta tuve la ingenuidad de preguntarle '¿Alfonsina?’ -sí, Alfonsina-, y ella se ríe con una buena risa cordial". Seguidamente, la poeta chilena describe a la autora de Ocre, comenzando por su cabello: '"Extraordinaria la cabeza, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado que hace el marco de un rostro de veinticinco años. Cabellos más hermosos no he visto: es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos”'. El rostro de Alfonsina también parece atractivo a Gabriela Mistral, quien lo describe con estas palabras: "EI ojo azul, Ia empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz de mujer madura”. La riqueza interior se trasluce en Ia apariencia fisica, dando origen a este comentario: "Pequeña de estatura, muy ágil y con el gesto, la manera y toda ella, jaspeada (valga la expresión) de inteligencia". 
Pasa luego a ocuparse del carácter de la escritora argentina, con quien pasó algunos días: "No se repite, no decae, mantiene a través de un día entero de compañía su encanto del primer momento."Siete días pasamos con ella. Confieso que temia el encuentro, sin dejar de desearlo, porque tengo el anhelo de las casas mejores de este mundo". 
La compara con otros americanos, resultando Alfonsina favorecida por sus cualidades poco comunes: “Toda la fiesta de su amistad Ia hace su inteligencia. Poco emotiva. Llega esto a ser ventaja, porque de andar en tierras de América, Ia efusión acaba de cansar como un paisaje abundante, Profunda cuando quiere, sin trascendentalismos: profunda porque ha sufrido y lleva como pocas la cavadura de la vida. Alegre, sin esa alegría de tapiz coloreado de las gentes excesivas; con una alegría elegante, hecha de juego. Muy atenta a quien está a su lado, con una atención hecha de pura inteligencia, pero que es una forma de afecto. 
Informada como pocas criaturas de la vida, dando el comentario oportuno de las cosas más diversas, mujer de gran ciudad que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo, Alfonsina es de los que conocen por la mente tanto como por la sensibilidad, cosa muy latina. Sencilla, y hay que repetir que con una sencillez también elegante, pues andan ahora muchas sencilleces desgarbadas que empaIagan tanto como el preciosismo, su enemigo. Una ausencia igual de ingenuidad y pedantería. Una seguridad de sí misma que en ningún momento se vuelve alarde...". 

Dos visiones 

A partir de los fragmentos transcriptos, podemos comprobar que Alfonsina no se sentía hermosa. Sus encantos radicaban, mas que en la belleza física, en su temple y en su original personalidad -parecía pensar ella-; por eso, cuando se describe en el soneto, no habla de belleza, sino de una segunda primavera que “reflorece a ratos", de una "manera" que sólo se vuelve torpe en las fotografías, de su “nariz reidera”, de Ios "discretillos ojos”. Cuanto afirmamos se halla corroborado por el tercer verso del primer terceto. en el que se define como "una mujer común que tiene acento”. 
La descripción que realiza Gabriela Mistral, en cambio, poco tiene que ver con esta imagen que nos brinda Storni. Para la chilena, la poeta tenia un atractivo singular, que vuelve cualidades aquello que podría ser considerado negativo, Observamos que eso se da a lo largo de la evocación, por ejemplo, con el cabello plateado, con su poca emotividad, con su alegría sin excesos. Gabriela Mistral parece fascinada por esa. mujer a la que imaginaba distinta, y no vacila en destacarlo generosamente. 
Los textos que transcribimos brindan la posibilidad de detenernos un momento a pensar acerca de Alfonsina como mujer, una mujer del siglo XX que desafió las convenciones y que vivió de acuerdo a lo que sentía, Ella se veía de una forma; Gabriela Mistral la vio de otra, ¿Quién tendría la verdad? Quizás tanto una como la otra, sólo que se veían desde perspectivas distintas: una desde la raíz de su obra y la chilena desde Ia exterioridad de dicha obra. Leer a alguien antes de conocerlo, suele influir en nuestra apreciación acerca de esa persona; Alfonsina estaba presente en sus poemas y esa presencia vigorosa fue la que deslumbró a la chilena. No queremos decir con esto que la personaIidad de Alfonsina no fuera interesante, sino que se complementaba con el mensaje transmitido por los textos que creaba. 
Y creemos, finalmente, que ella puede haber sido de muchas formas -como se vio y como la vieron, en su juventud y en la madurez-, pues ése es el sino del ser humano: cambiar durante Ia vida, año a año, ante personas diferentes y en la soledad. Así también cambia su obra, cada vez que un lector la aborda. Tanto las visiones de Alfonsina como los ecos que despierta su lírica se unen, formando, al fin, la verdadera mujer, la que se prodigó en versos memorables, la que se hizo a sí misma, con esfuerzo, y llegó a ser una de las tres grandes poetas de América. 

(EL GRILLO, Buenos Aires, 1992)

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