jueves, 24 de enero de 1991

CARLITOS GARDEL

por Graciela Beatriz Cabal. Ilustraciones de Delia Contarbio. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991. 

El volumen que comentamos constituye un importante esfuerzo editorial. Presentado con tapas duras y sobrecubierta y en un papel de excelente calidad, está destinado a los chicos, a los no tan chicos y a los decididamente grandes. Es un libro para todos, porque -afirman los responsables de la obra- Gardel es de todos. La historia comienza durante la infancia del cantor, al que muestran como un chico al que le gustaban los sombreros; se los probaba mientras su mamá lavaba en el piletón del patio. También le gustaba andar por ahí; Cabal relata que el pequeño ”se había ido por esas calles de Dios, colgado del pescante de algún carro lechero. Cuando aparecía de vuelta en el conventillo, la madre lo corría por el patio, con la chancleta en lo alto, las peinetas a medio salir y los pelos tapándole los ojos. -¿Dónde anduviste metido, desgraciado?- parece que quería decirle. Pero como estaba muy enojada se lo decía en francés (idioma rarísimo pero que era el de ella). Y entonces los vecinos, que habían sacado las sillitas a la puerta de las piezas para observar todo con detalle (sin intervenir porque una madre es una madre), se quedaban en ayunas”. Luego Carlitos fue creciendo, se apasionó por la música, viajó, se enamoró de las rubias de “ñu Yorc” y no de la chica buena que venía a hacerle compañía a su mamá, fue exitoso y desapareció físicamente, aunque todavía hoy, nadie puede creerlo: “Como se va a morir, dicen, si la voz le sale cada día más clarita”. Un tema de la cultura popular entra así al universo de los chicos, el cual, afortunadamente, se amplía cada día más.

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