lunes, 5 de agosto de 2019

Eva Halac presenta J. Timerman

 en TIMBRe4

 

Los días 17, 18 y 19 de agosto, Eva Halac realizará tres únicas funciones de: J. Timerman, obra de la que es autora y directora, en TIMBRe4 (sala México 3554). Basada en hechos reales, la obra gira en torno a la figura de Jacobo Timerman (maestro de periodistas en los años 70, amado y odiado por sus contemporáneos) en los días del mítico diario La Opinión. Una trama ágil, cinematográfica, con el humor y el suspenso de un thriller político. Más información y entradas en www.timbre4.com.

"Me interesa revelar comportamientos, ver cómo los personajes se ven obligados a decidir de qué modo actuar, cómo negociar con sus propios deseos y aspiraciones. Timerman tiene mucho de personaje teatral, por despótico y explosivo, porque al final se convirtió en enemigo de todos, fuesen de izquierda o de derecha. Y también porque tenía la vanidad y la valentía de saberse odiado y admirado. No tenía ningún filtro, decía lo que pensaba y se exponía de manera suicida." 
Eva Halac

Sinopsis
j. Timerman debe negociar con el gobierno la continuidad del diario La Opinión. La decisión pone en juego sus creencias, sus afectos, sus certezas. Abandonar la oposición progresista no solo significaría un desprestigio, sino una dolorosa despedida de la juventud.

Ficha artística-técnica
Dramaturgia: Eva Halac
Actuación: Guillermo Aragonés (Timerman), Juan Pablo Galimberti (Julián Sorel), Leonardo Murua (Abrasha Rotenberg), Mucio Manchini (Lanusse), Cristian Majolo (David Gravier), Carlos Scornik (Bustamante), Orlando Alfonso (Felix Rodríguez)
Escenografía y vestuario: Micaela Sleigh   
Música original: Gustavo García Mendy  
Iluminación: Miguel Solowej   
Prensa: Marisol Cambre
Producción ejecutiva: Jennifer Aguirre Woytkowski
Asistencia de dirección: Jennifer Aguirre Woytkowski
Dirección: Eva Halac
J. Timerman se estrenó en 2018 en el Cultural San Martín.
 

 

Tres únicas funciones
17, 18 y 19 de agosto en TIMBRe4
México 3554 - Tel. 4932.4395 - CABA
Localidades: $380 - Entradas en timbre4.comclick
Instagram: click - Facebook: click
Material fotográfico: click
Alternativa teatral: click
Duración: 75 minutos

sábado, 29 de junio de 2019

Mi viejo



"
Quisiera amasijarme en la infinita
ternura de mi barrio de purrete
con un cielo cachuzo de bolita
y el milagro coleao del barrilete
Verlo a mi viejo
un tano laburante que la cinchó parejo, limpio y largo
y minga como yo
un atorrante
que la va de "sover"
y se hace el raro
Vino en "Conte Rosso
fue un espiro
tres hijos, la mujer, a más un perro
como un tungo tenáz cinchó de tiro
todo se lo aguantó: hasta el destierro
y aquí palmó
aquí yace adormecido
mi viejo, el pobre tano laburante
se las tomó una noche de descuido
y nos dejó un recuerdo lacerante
Qué mundo habrá encontrado en su apoliyo
si es que hay un mundo pa los que se piantan
quizás el cuore cuyo se hizo grillo
y su mano cordial es una planta."

Como se sabe, Julián Centeya fue el seudónimo más conocido del poeta Amleto Enrico Vergiati, nacido en Parma, Italia, en 1910 y llegado a playas argentinas doce años más tarde. 

http://www.elortiba.org/old/centeya.html

miércoles, 6 de marzo de 2019

Polvo y Espanto


Polvo y espanto, Primer Premio Nacional de Literatura en 1971, esta estructurado en dos cuadernos, unitario y federal. Esta novela, ambientada en el siglo XIX dominado por los caudillos, da la palabra con igual intensidad a las dos voces en cuya lucha se construyo nuestro modelo de país. La minuciosa documentación histórica, el detallismo geográfico, la rigurosidad y riqueza del vocabulario empleado, son el marco de la verosimilitud donde tiene lugar un relato en el que se entretejen amor, honor, traición, coraje y muerte. El perfil psicológico y espiritual de los protagonistas, el caudillo Felipe Ibarra y una joven de estirpe patricia, supera los estereotipos ideológicos-políticos, humanizando así el proceso histórico. Abelardo Arias, nacido en 1908 en el seno de una tradicional familia dela provincia de Mendoza, publico su primera novela. Álamos talados, en 1942, lo que le valió el reconocimiento de la criticaliteraria. Su extensa obra, en la que figuran títulos como La vara de fuego, El gran cobarde, Limite de clase, Minotauroamor o la viña estéril, reescribe permanentemente tanto las complejas relaciones entre clases sociales comoel espacio provinciano. Incansable viajero, apasionado de los efectos humanos, declara: "Mi idea esencial ha sido modificar la realidad", pero agrega que "son inútiles los trabajos de los escritores, depende de los lectores que sean importantes". Abelardo Arias murió en Buenos Aires en 1991.

sábado, 17 de noviembre de 2018

LOS TRUENOS

Buenos Aires italiana
Mercedes Canovi

Buon sabato!
Hace poco el mundo conmemoró un siglo del fin de la Primer Guerra Mundial. En ese marco, quiero compartir con uds. un relato escrito por la Sra. Cristina del Valle Bossa Alanís, que tiene como personaje principal a un inmigrante italiano, ex combatiente de aquella guerra.
¡Espero que lo disfruten!

“LOS TRUENOS”

Cuando regresó a su casa del campo, el trigo se conservaba aún bajo el resguardo de la capa de nieve. Debajo de su sobretodo, su cuerpo congelado ya no era el de un joven soldado. Ahora era un hombre, apenas reconocible por los suyos. Taciturno y con la ayuda de los magros ahorros familiares, compró un boleto de ida y marchó rumbo a Génova, a embarcarse hacia Argentina. Sin conocer el idioma, fue de lugar en lugar, hasta recalar en un pueblecito llamado Oliva, donde con el tiempo encontró un trabajo como carpintero y formó una familia. Pero los recuerdos de la guerra le grabaron a fuego el resto de su vida. Su mujer trataba de que conciliara el sueño, acariciándolo y diciéndole que la Gran Guerra había culminado, aunque se había llevado consigo millones de vidas y quimeras devastadas. Hubo días pacíficos, pero...¡ay de los tormentosos! Ahora estaba nuevamente en la trinchera, mojado y aterido, con el fusil-bayoneta en sus manos. No podía dormir. A su lado, cuerpos yacientes algunos, mutilados otros. Y alaridos desgarradores a lo largo de toda la noche. El barro cubría sus rodillas y sus botas más que resguardo, eran una molestia. Tomó su petaca y sorbió un poco de grapa, como para entibiar la gelidez que le calaba los huesos. Los sonidos atronadores de los cañones enemigos se sentían cada vez más próximos y le dañaban los oídos. La metralla era incesante. Había pasado la alerta y se había quitado su máscara. Sabía bien que debía portarla siempre consigo. ¡Ese maldito gas mostaza que calcinaba hasta las vísceras! Se preguntaba sobre la prohibición de su uso por parte de la Cruz Roja y para qué servía. El ensañamiento era mutuo entre ambos bandos. No había tregua alguna. Esa noche debía permanecer como vigía, junto a otros compañeros de suerte. Inesperadamente, bajo la luz de una bengala, se les ordenó ir al frente. La lluvia era pertinaz y torrencial. Aquellos elegidos lo hicieron con desgano, desgastados por el cansancio y vencidos por la vigilia. “A tomar el puesto de metralleta”, ordenó el capitán. Salieron de su escondite, con temor y a sabiendas de que pocos habrían de volver. Se arrastraron por el fango, con las máscaras antigases colocadas y su pesado bagaje a cuestas: las granadas, el fusil-bayoneta, la cápsula de cianuro…Detrás de una casamata derruida, un artillero desgranaba una tras otras las municiones de la metralla, derribando a los que se le aproximaban. Cuerpos literalmente partidos por la mitad, gemidos y griterío generalizado habían transformado el trajín en caos. El joven soldado creyó hallarse en el Infierno del Dante. Los proyectiles rebotaban a su alrededor, mientras se hundía serpenteando en el barro. La cadena con la medalla identificatoria se enredó con la de la Madonna que le diera su “mamma”. A medida que se aproximaban al fortín, el sonido de los cañones arreciaba con mayor vigor. Un grupo se abrió por el costado izquierdo y otro lo hizo por el flanco derecho. El artillero estaba solo. Granadas y disparos se descargaron sobre él. Luego de más de hora y media, habían tomado su puesto y plantado la “bandiera” tricolor. A lo lejos, resonaba la voz del capitán ordenando permanecer en el lugar ganado y no retroceder…Los cañones ensordecedores lo volvían loco. Mientras trataba de ponerse en pie se imaginaba segando las mieses en la finca fértil de su padre. Y ese armisticio tan lejano como lo era la tierra de sus sueños, en América…Finalmente, la guerra culminó. Sin embargo, ahora, aunque largo tiempo había pasado, constantemente lo invadía el desasosiego, casi al punto de enloquecer durante las noches de tormenta y lluvia. Entonces, ante el sonido ensordecedor de los truenos, el viejo soldado, don Domingo Cavigliasso, conocido como “Minot”, saltaba rápidamente de su cama, tomaba el fusil que había portado consigo y se dirigía hacia el pantanoso terraplén del ferrocarril, acostándose sobre el barro y arrastrándose sobre él, a la vez que disparaba incesantemente, al grito de: “¡Los cañones, los cañones! ¡Hay que refugiarse en las trincheras!”

miércoles, 24 de octubre de 2018

El malón grande


"En 1870 el cacique Juan Calfucurá tenía, según algunos, 101 años y decidió que era hora de emprender “el malón grande”. Su plan, como jefe de una gran confederación india, era arrasar Buenos Aires y expulsar al blanco de Sudamérica. Ese es el eje de esta novela que cuenta la pérdida de poder de tres grandes caciques: Calfucurá, en las Salinas Grandes, Catriel en Azul y Sayhueque en el Limay. También aparece la excavación de la zanja de Alsina, la campaña del Neuquén y, sobre todo, la relación entre Calfucurá y el monsieur, su secretario francés, raptado por los patagones y cambiado al gran cacique por quince yeguas madres. “Entre los grandes aciertos de este libro la contraposición de estos dos personajes tan disímiles, adquiere matices riquísimos y muy divertidos por momentos. Es un verdadero tour de aprendizaje para el francés aspirante a escritor, al lado de un viejo y astuto maestro que siempre está varios metros adelante de él y que nunca deja de sorprenderlo. Hasta el mismo momento final y en la predicción (y aceptación) de la tragedia de su propio pueblo”, dice la escritora María Rosa Lojo. “El libro no se puede dejar, tiene muy buen ritmo narrativo, y no pocos momentos poéticos y frases sabias y especialmente afortunadas sobre la condición humana- agrega Lojo-. Esta novela tiene muchos lugares, muchas perspectivas de gente enfrentada entre sí, y permite ver las cosas desde cada uno de ellos. Nuestro país, tantas veces arrasado por fanatismos de uno u otro signo, necesita especialmente miradas complejas que asuman toda la realidad en sus contradicciones, más allá del cómodo mapa de buenos y de malos. Pasé excelentes momentos y me sentí siempre en un clima fraternal, hospitalario, porque Zavaleta hace muy bien lo que los artistas deben y saben hacer: ponerse en el lugar de los otros”. En esta obra, Jorge Torres Zavaleta cuenta por primera vez una historia que no figura en ningún otro libro de ficción: la del final de los indios como una de las fuerzas dominantes en nuestro país".

Tan bella y cautivante como las anteriores, esta obra de Jorge Torres Zavaleta reafirma su talento y demuestra que los años acrecientan el poder evocador, al tiempo que se incorporan lecturas y experiencias.
Desde el optimismo de las primeras paginas hasta la desolador desenlace, diferentes voces, con sus matices y sus personales puntos de vista, van protagonizando la novela. De la fortaleza inicial de los aborigenes, sabedores de su potencia, hasta esa aciaga entrevista con Roca, muchos sentimientos se suceden, todos ellos descriptos magistralmente por este narrador argentino que ha elegido semejante desafio.
Recorre el texto la reflexion acerca de la escritura, encarnada primero en un personaje y luego en otro. Opuestas son sus motivaciones: uno busca la fama y el reconocimiento social, mientras que impulsa al otro la intencion de testimoniar y de hacer perdurar en la memoria ese mundo que se apaga.
Maravillosa obra, basada en un momento tan cierto y tan dificil de relatar. La epopeya de unos y otros queda plasmada en estas paginas, con sus contrastes, con su heroismo y sus miserias, para deleite de los lectores y para sumarse al valioso caudal de la literatura de fronteras argentina.


Jorge Torres Zavaleta nació en el año 1951, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Desde muy joven frecuentó a Silvina Ocampo y a Adolfo Bioy Casares con quienes mantuvo relaciones amistosas, y a través de ellos conoció a Jorge Luis Borges. Ha publicado once libros, entre novelas, cuentos y ensayos. Sus ficciones, que suelen desarrollarse en un entorno rural, brindan un fiel testimonio de las costumbres, los caracteres y el lenguaje propios del campo argentino. Conforman su obra las novelas El verano del sol quieto (Grupo Editor Latinoamericano, 2009), Las voces del reino (Editorial Victoria Ocampo, 2003), La noche que me quieras (Editorial Emecé, 2000), La casa de la llanura (Editorial Atlántida, 1993) y El primer viaje (Editorial Emecé, 1986); los volúmenes de cuentos Ixion (Grupo Editor Latinoamericano, 2016), El borde peligroso (Grupo Editor Latinoamericano, 2015), Memorias del viento (Grupo Editor Latinoamericano, 2011), Cazar un tigre (Grupo Editor Latinoamericano, 2008), El palacio de verano (Grupo Editor Latinoamericano, 1989), El hombre del sexto día (Editorial Orión, 1977); y su obra ensayística Bioy Casares o la isla de la conciencia (Editorial Sur, 2014). A lo largo de su carrera se ha hecho merecedor de prestigiosos galardones (como los premios Municipal, Fondo Nacional de las Artes y Fundación Antorcha) y destacadas becas internacionales (como la Cité des Arts de París y el Writing Program de Iowa University). Incluso se ha desempeñado como jurado de varios certámenes, entre ellos, los premios Fortabat, La Nación y Adolfo Bioy Casares, el Concurso de Cuentos Carmen Gándara y el Festival de las Letras de Necochea. Desde 1983 conduce talleres literarios y dicta seminarios en diversas instituciones. Fue profesor de la Universidad de San Andrés, de la Academia del Sur, y de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Ha sido también colaborador del diario La Nación y coordinador de la Comisión de Letras del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. En la actualidad integra el consejo directivo de la Fundación Sur y es vicepresidente del Centro PEN Argentina.